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miércoles, 6 de julio de 2011

Angel Quintero. Desaparecido el el 6 de octubre del 2000- Antioquia

Angel Quintero. Desaparecido el  el 6 de octubre del 2000- Antioquia



http://www.tlahui.com/politic/politi00/politi10/co10-72.htm

Dos miembros de Asfaddes de Medellín son secuestrados y desaparecidos 

Información enviada a Mario Rojas, Director de Tlahui. 

Colombia, a 8 de Octubre, 2000. Col - Dos miembros de Asfaddes de Medellín son secuestrados y se encuentran desaparecidos. Equipo Nizkor, miembro del Serpaj Europa, Derechos Human Rights (USA) y del GILC (Global Internet Liberty Campaign). Solidaridad Urgente. 

SECUESTRAN A DOS INTEGRANTES DE ASFADDES SEC MEDELLÍN. 

EL COLECTIVO DE DERECHOS HUMANOS SEMILLAS DE LIBERTAD -CODEHSEL-, denuncia públicamente ante la comunidad nacional e internacional los hechos relacionados con la desaparición forzada de ÁNGEL QUINTERO MESA de 44 años de edad y CLAUDIA PATRICIA MONSALVE PULGARIN de 31 años de edad, funcionario y afiliada de la Asociación de Familiares de Detenidos desaparecidos ASFADDES Seccional Medellín en la noche del día 6 de octubre de 2000 en el centro de la ciudad de Medellín. 

ANTECEDENTES DE LAS DESAPARICIONES FORZADAS 

1.    Claudia Patricia Monsalve Pulgarin se encuentra afiliada a ASFADDES desde el 6 de mayo de 1995 luego de que su hermano EDGAR AUGUSTO MONSALVE P. fuera desaparecido por la acción de la Policía al mando del Comandante de la Estación del corregimiento de San Antonio de Prado, cabo segundo David Prada Barajas, quien se encuentra vinculado penalmente a la investigación por estos hechos. 

2.    Ángel Quintero Mesa se desempeña como Funcionario de la Asociación de detenidos desaparecidos desde el mes de enero de 2000, donde ingresó a raíz de la denuncia por las desapariciones forzadas de varios de sus familiares ocurridas en el Uraba Antioqueño y la ciudad de Santa Marta en 1998. Por su labor en torno al esclarecimiento de los hechos y la recuperación los cuerpos de varios de ellos, al parecer sepultados en una fosa común, se vio expuesto a múltiples amenazas por lo que se encontraba en calidad de desplazado forzado en la ciudad de Medellín. Recientemente denunció y asumió la investigación por la desaparición forzada de otros de sus familiar RUBEN USUGA HIGUITA, ARVEY POSO USUGA y WILSON USUGA HIGUITA ocurrida el 25 de agosto del año en curso en la ciudad de Medellín. 

HECHOS 
El día 6 de octubre de 2000, ÁNGEL QUINTERO Y CLAUDIA MONSALVE, salieron alrededor de las 5.00 p.m. de la oficina de ASFADDES en compañía de otras cinco personas de la Asociación y se dirigieron a la cafetería y restaurante RIOMAR No. 2, donde estuvieron hasta las 7.00 p.m. Posteriormente se dirigieron hacía el establecimiento público El Balcón de la Playa, ubicado en la esquina de la Oriental con la Playa. Siendo las 10.30 p.m. Claudia Patricia decidió retirarse a su residencia ubicada en el municipio de Itaguí y Ángel se ofreció para acompañarla, por ello se dirigieron al sitio donde se abordan los colectivos para Itaguí ubicado en la calle San Juan con la carrera Bolívar. 
Ángel manifestó a los demás compañeros con quienes se encontraba reunido que después de dejar a Claudia en el colectivo regresaba para seguir departiendo con ellos. Sin embargo lo estuvieron esperando hasta las 12.00 p.m. pero no regresó. El día de hoy, 7 de octubre, en horas de la mañana se hicieron todas las averiguaciones y se comprobó que Claudia tampoco llegó a su residencia. 

Por lo anterior se iniciaron todas las acciones de búsqueda para dar con el paradero de Ángel y Claudia, pero hasta el momento han sido infructuosas. Los familiares de ASFADDES han averiguado en todos los lugares posibles: hospitales, anfiteatros, estaciones de policía, casas de amigos y familiares, etc. Pero nada se ha sabido de estas dos personas. 
Por lo anterior estamos solicitando a la comunidad nacional e internacional: 1. Con base en los siguientes hechos, solicitamos a la comunidad Internacional desplegar toda su actividad en función de exigirle al Estado Colombiano garantice la vida y la integridad de todos los ciudadanos y en especial la de ÁNGEL USUGA QUINTERO y CLAUDIA MONSALVE PULGARIN y para que sean inmediatamente dejad os en libertad. 

3.    Así mismo que se garantice el pleno ejercicio de la labor de defensa de los derechos humanos en el país y de las víctimas de crímenes de lesa humanidad que como en el caso de la desaparición forzada se encuentran organizados en la Asociación de detenidos desaparecidos ASFADDES. 

Bogota, 8oct00 

LA ASOCIACIÓN DE FAMILIARES DE DETENIDOS DESAPARECIDOS DE COLOMBIA, ASFADDES, DENUNCIA ANTE LA COMUNIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL LOS SIGUIENTES 

HECHOS 
Recibimos de la Seccional Medellín, acción urgente por la desaparición forzada del señor ÁNGEL QUINTERO de 44 años, Y CLAUDIA MONSALVE de 31 años, relatando los siguientes hechos. 

ANTECEDENTES: 
El señor ÁNGEL QUINTERO, es familiar activo de nuestra Asociación, y funcionario de la seccional Medellín.. En 1999 denuncio la Desaparición de tres miembros de la familia de la esposa, el 22 de Julio fue allanada la casa de RUBÉN USUGA HIGUITA quién fue Desaparecido el 25 de Agosto del 2000, con WILSON USUGA HIGUITA y el menor ARVEY POSO USUGA, , Por su labor en torno al esclarecimiento de los hechos y la recuperación de los cuerpos de varios de ellos, al parecer sepultados en una fosa común se vio expuesto a múltiples amenazas, razón por la cual se encontraba en calidad de Desplazado Forzadamente en la ciudad de Medellín, , esto demuestra la persecución que a sufrido la familia en estos últimos años. 

CLAUDIA PATRICIA MONSALVE, se encontraba afiliada a ASFADDES desde el 6 de mayo de 1995, luego de que su hermano EDGAR MONSALVE fuera desaparecido por la acción de la policía al mando del comandante de la estación del corregimiento de San Antonio de Prado, Cabo segundo David Prada Barajas quien se encuentra vinculado penalmente a la investigación por estos hechos. 

HECHOS: 
El viernes 6 de OCTUBRE del año en curso salieron alrededor de las 5 PM de la oficina de ASFADDES en compañía de otras 5 personas de la asociación, se dirigieron a la cafetería restaurante Riomar No. 2, donde estuvieron hasta las 7PM, posteriormente se dirigieron hasta el establecimiento público el Balcón de la Playa, ubicado en la esquina de la oriental con la playa, siendo las 10, 30 PM CLAUDIA PATRICIA decidió retirarse a su residencia ubicada en el municipio de ITAGUI y ÁNGEL se ofreció para acompañarla, a tomar el transporte, por ello se dirigieron al sitio donde se abordan los colectivos para ITAGUI ubicado en la calle San Juan con la carrera Bolívar. 

ÁNGEL manifestó a los demás compañeros con quienes se encontraba reunido que después de dejar a CLAUDIA en el colectivo regresaba al lugar para seguir departiendo con ellos. Sin embargo lo estuvieron esperando hasta las 12 PM, pero no regreso, El día de hoy 7 de Octubre en horas de la mañana se hicieron todas las averiguaciones y se comprobó que CLAUDIA tampoco llego a su residencia. Por lo anterior se iniciaron tosas las acciones de búsqueda para dar con el paradero de ÁNGEL y CLAUDIA pero hasta el momento han sido infructuosas, los familiares de ASFADDES han averiguado en todos los sitios posibles, como anfiteatros, hospitales, estaciones de policía, casas de amigos, y de familiares, etc. Pero nada se ha sabido de estas dos personas. 

ACCIÓN SOLICITADA. 

Por lo anteriormente expuesto, solicitamos a la comunidad Nacional e Internacional, se dirijan a las autoridades colombianas para EXIGIR: 

1-. Al gobierno el esclarecimiento de los hechos denunciados. 

2-.Al gobierno las garantías para preservar la vida e integridad física y sicológica del señor ÁNGEL QUINTERO Y CLAUDIA MONSALVE, de los cuales el primero ya habíamos denunciado, en fecha Agosto 28 del 2000 que se temía por su vida.
3-. Se investigue y se sancione a los responsables de estos hechos. 

4- Exigimos en este, el cumplimiento de la ley 589. 

5- Solicitamos a la comunidad Internacional, desplegar toda su actividad en función de exigir al estado Colombiano, garantice la vida y la integridad de todos los ciudadanos en especial la de los ciudadanos ÁNGEL QUINTERO y CLAUDIA MONSALVE, para que inmediatamente sean dejados en libertad. 

6- Así, mismo que se garantice el pleno ejercicio de la labor de defensa de los Derechos Humanos, en el país, y de las victimas de crímenes de Lesa Humanidad, que como en el caso de la Desaparición Forzada se encuentran organizados en la asociación de Detenidos Desaparecidos ASFADDES ya que por un comunicado nos hemos enterado que somos objetivo militar de las autodefensas. 

Bogota, 7oct00 

From: Editor Equipo Nizkor nizkor@teleline.es

Más información - Further information - Plus d'information

 

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http://mosca-puertadelamemoria.blogspot.com/2010/06/angel-quintero-y-claudia-monsalve.html

lunes 14 de junio de 2010 
Angel Quintero y Claudia Monsalve 

Pancho escribió: 




Hace 10 años, una noche de octubre del 2000, El Gaula Rural de Medellín, desapareció a Ángel Quintero y a Claudia Monsalve. Eran miembros de la directiva de Asfaddes (Asociación de familiares de detenidos desaparecidos) de Medellín. Es decir, ellos buscaban a otros familiares también desaparecidos por los mismos que en Colombia han desaparecido a más de 15 mil personas en los últimos quince años. 

Claudia Monsalve estaba en Asfaddes buscando a un hermano, desaparecido varios años atrás cuando fue detenido por la policía de San Antonio de Prado un corregimiento de Medellín y entregado a un grupo paramilitar. 


Ángel Quintero era miembro de una familia a la que los militares la han condenado al exterminio porque un familiar pertenece a las FARC. 

La historia de exterminio de la familia de Ángel Quintero se inicia el 16 de agosto de 1995, cuando tropas del Ejército llegaron a la vereda Arenas Altas de Apartado a la casa de Orlando Usuga Higuita, y lo asesinaron delante de su familia. Al día siguiente, 17 de agosto, las mismas tropas, al mando del capitán Echeverri, comandante del Grupo que pertenecía al Comando de Fuerzas Especiales No. 01 del Ejército, convocaron al Inspector de Policía del corregimiento Río Grande para que hiciera el levantamiento del cadáver, para ese momento el cadáver estaba vestido de camuflado, armado y fue presentado como un guerrillero caído en combate. El 24 de agosto, es decir, ocho días después, Rubén Usuga Higuita, hermano de Orlando, fue abordado en el corregimiento de San José de Apartadó por los tenientes del ejército Robles y Parra, quienes habían participado en el asesinato de su hermano, lo amenazaron y conminaron a abandonar la región. Antes esta situación la familia decidió emigrar a Medellín. 

En el mes de marzo de 1997, un grupo combinado de tropas del Ejército y paramilitares, al mando de Melkin Henao (alias Belisario, desertor de las FARC-EP), regresan a la parcela de Dioselina Higuita, madre de Orlando, y luego de maltratarla incineran su vivienda con todas sus pertenencias. 

El 7 de julio de 1997, paramilitares, al mando de Valentín Valencia y Próspero Valencia, llegan al barrio Primero de Mayo de Apartadó, a la residencia de Blanca Libia Usuga, hermana de Orlando, y tratan de asesinarla junto con su esposo. Ángel José Quintero Mesa, la familia de Ángel Quintero logra huir, y la Cruz Roja Internacional interviene y los sacan hacia Medellín. 

El 22 de noviembre de 1997, tropas de la Brigada Móvil No. 1, se presentaron a la vereda La Balsita de Dabeiva y asesinaron a Ananías Guisao, esposo de Rosalba Usuga Higuita, hermana de Orlando, posteriormente se dirigieron a la vereda Antasales de Dabeiva y se llevaron a Rosalba Usuga Higuita y cinco de sus hijos, cuatro de ellos fueron entregados a la Cruz Roja Internacional en una finca de Córdoba, propiedad de Carlos Castaño. Rosalba y el otro hijo, Joaquín Emilio Guisao Usuga, nunca han aparecido. 

Luís Fernando Usuga Rivera, padre de todos los anteriores se había trasladado hasta la ciudad de Santa Marta para proteger su vida, hasta allá llegaron miembros de la Fiscalía que el 22 de enero de 1998 lo detuvieron y lo desaparecieron 

El 25 de agosto del 2000, fueron detenidos y desaparecidos por miembros del Gaula de Medellín WILSON USUGA HIGUITA, RUBEN USUGA HIGUITA y ARVEY POSO USUGA, (menor de edad) en momentos en que se encontraban en una cafetería en el centro de la ciudad. 

El viernes 6 de octubre del 2000, Ángel Quintero y Claudia Monsalve fueron detenidos por miembros del Gaula Rural de Medellín que se movilizaban en una camioneta chevrolet doble cabina, color gris y en una moto DT 175 cc, desde entonces no se ha sabido nada de ellos. 

En la búsqueda de Ángel y Claudia, Asfaddes denuncio las intercepción de sus teléfonos, ante lo cual investigadores del CTI lograron establecer que para el momento el Gaula tenia interceptados ilegalmente en la ciudad de Medellín, más de 2000 líneas telefónicas pertenecientes a defensores de derechos humanos, periodistas y líderes populares, por lo cual fueron vinculados como testigos los agentes Carlos Arturo Ceballos y Elkin Darío Carmona, quienes fueron asesinados por sus propios compañeros en el transcurso de la semana. 

En el 2001 Colombia aprobó la Ley 589, que tipifica la desaparición forzada como delito, esta ley creo una Comisión nacional de búsqueda de personas desaparecidas y al Mecanismo de búsqueda urgente, para encontrar con vida a los desparecidos y sancionar ejemplarmente a los responsables de este atroz delito. Esta Comisión, está conformada por los organismos investigadores del Estado colombiano, la mayoría de ellos, acusados de ser los responsables de las desapariciones forzadas, por lo tanto hasta el día de hoy, no se ha dado ninguna respuesta a la desaparición de Ángel y Claudia y de otros 15 mil desaparecidos que hay en Colombia. 

Hoy la esposa y los hijos de Ángel Quintero se encuentran viviendo en el exterior del país tratando de salvar sus vidas, sin embargo, los pocos miembros de esa familia que aún quedan en Colombia siguen sometidos a la persecución y el exterminio. 

Hoy, 13 de junio de 2010, hace exactamente 3537 días se los llevaron; nosotros llevamos 3537 noches imaginándonos 3537 maneras diferentes de torturas a que han sido sometidos, pero también llevamos 3537 mañanas prometiéndonos no olvidar. 

Publicado por mosca en 13:19 

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Etiquetas: Angel Quintero y Claudia Monsalve 


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. 

Ricardo Ferrer Espinosa

lunes, 27 de septiembre de 2010

Salió a la luz el documento del coronel Velásquez contra Del Río Rojas.

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS.

Ricardo Ferrer Espinosa

El documento del entonces Coronel Velásquez está en la web www.verdadabierta.com

Para descargarlo, active el siguiente enlace

http://www.verdadabierta.com/parapolitica/2738-el-informe-que-advirtio-de-los-nexos-de-rito-alejo-del-rio-con-los-paras


El informe que advirtió de los nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras'

Parapolítica - Nacional

Un informe elaborado por uno de los subalternos del general (r) Rito Alejo del Río, revela como el militar evitó perseguir a los paramilitares cuando fue comandante de la Brigada XVII en Urabá y además que el comando general de las Fuerzas Militares había sido advertido sobre los nexos del oficial con las Auc.


El ex coronel del Ejército Carlos Alfonso Velásquez reveló un informe fechado el 31 de mayo de 1996 en el que advirtió al entonces comandante de las Fuerzas Militares, Harold Bedoya, de los posibles nexos del general Del Río con grupos paramilitares en el Urabá antioqueño y chocoano. El ex oficial dijo que el envío de esta comunicación le significó haber sido retirado de su cargo y su salida del Ejército.

viernes, 20 de agosto de 2010

El Atrato, cementerio bajo el agua / Diario el Colombiano.

Otro recorte del archivo de prensa:

Fuente:


El Atrato, cementerio bajo el agua

Negros e indígenas creen casi imposible reconstruir la verdad sobre las matanzas y las desapariciones en su río madre.

[La] Iglesia católica y líderes campesinos frenaron parte de los excesos, pero sin embargo el Atrato vivió una temporada fatal.

Condición de ruta central y lugar de combates ocasionó que cientos de civiles y combatientes se perdieran en su cauce.


Por / Carlos Alberto Giraldo M.
Enviado especial, río Atrato

La conversación se había acalorado un poco. Carlos Castaño, con su tono severo de siempre, les dijo a los dos sacerdotes que habían viajado desde Quibdó: "padres, les he dicho a mis hombres que maten a la gente, pero que no se pongan con torturas". Uno de los sacerdotes, el de menor jerarquía, no aguantó aquella respuesta que sentía tan irónica y desalmada y le replicó: "perdóneme, pero lo suyo ya se torna demasiado hijueputa".

Sus hábitos cristianos se extraviaron en ese momento debido a la desesperación y la impotencia con que venía recibiendo cada día. Era un sacerdote de base que tenía que escuchar las denuncias de los desaparecidos en las comunidades del río Atrato y sus afluentes. Los campesinos, semana a semana, le rompían en llanto y le pedían comisiones para buscar decenas de cuerpos que casi nunca hallaban.

Aquel día él había arribado con el Obispo a los dominios de Carlos Castaño, en San Pedro de Urabá, para que le aclararan su aparición en una lista de posibles víctimas de las autodefensas, pero bastó poco para que apenas unos minutos después de iniciada la conversación ya le estuviese pidiendo al jefe paramilitar que parara la ola de sangre y de muerte que sus hombres provocaban en las riberas del Atrato.

El contacto del religioso con aquella realidad comenzó el 23 de julio de 1997 cuando, a la una de la tarde, una hora después de una reunión con unos campesinos del Medio Atrato llegaron a buscarlo para decirle que Domingo Santos, líder del río Munguidó, a quien acababa de estrecharle la mano, había desaparecido. Se lo llevaron en una camioneta amarilla tipo Hi Lux que usaban los paramilitares de la capital chocoana.

Santos medía casi dos metros y era un negro al que todos querían por su entrega a la labor comunitaria. Pero de nada valieron las gestiones del padre. Como era habitual, en su actitud frentera, acudió al sector de Quibdó donde tenían su base los paramilitares y allí un combatiente raso le dijo a media voz que todo era inútil. A Domingo lo habían arrojado a un barranco que se hundía en las aguas del Atrato. Un sitio al que llamaban "el confesadero", en Boraudo, un paraje en la vía entre las aldeas de Yuto y Lloró.

"Qué época tan dura -recuerda el sacerdote-. Los abrían con motosierra y machete y después les echaban arena y piedras para que no boyaran (flotaran) en el río. Eso era busque y recoja muertos aquí y allá". El padre cree que esa fue la suerte que corrió Domingo Santos, cuyo cadáver nunca apareció aunque varias comisiones de misioneros de la Iglesia Católica navegaron horas para encontrarlo el resto de aquella semana en que lo subieron a la camioneta de "los paras".

El avance paramilitar quedó registrado en las denuncias de la Diócesis de Quibdó y de varias Ong internacionales. En un informe de la época, Human Rights Watch (HRW) advertía sobre la llegada de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, en diciembre de 1996, por el extremo norte del departamento del Chocó.

En "tres meses, las masacres paramilitares, los asesinatos selectivos y las amenazas combinados con el combate directo y la Operación Génesis del Ejército Nacional -agregaba HRW- provocaron la huida de entre 15.000 y 17.000 personas".

La Diócesis de Quibdó describió el cambio dramático en el departamento al comparar las cifras de muertes violentas: por ejemplo, en 1995 se registraron 15 asesinatos mientras que en 1997, solo en el primer semestre, hubo 100, la mayoría por motivos políticos.

Corrió mucha sangre y el río, con sus aguas revueltas y oscuras, se convirtió en cementerio de seres humanos. Un compañero de Domingo, que se considera sobreviviente y que aún hoy lidera a los campesinos del Atrato, tiene en la mente los nombres de muchos desaparecidos, pero recuerda uno: Eligio González Blandón, de la comunidad de La Boba , motorista de las Hermanas Agustinas.

El 24 de mayo de 1997 Eligio acababa de llegar al casco urbano del municipio de Bojayá de un viaje por el río con las religiosas. Unas horas después, a las cinco de la tarde, los paramilitares lo interceptaron en una lancha. Lo embarcaron y mientras cruzaban a Vigía del Fuerte, a un kilómetro de distancia en la otra orilla del río, se perdió.

"Ellos andaban con una motosierra en esa panga (lancha). Y, cuesta creerlo, pero en ese trayecto lo picaron y lo echaron al río -dice el líder campesino-. Nunca apareció. Era para traumatizarse la mente, por Dios. La gente salía de pesca y sacaba manos, pies y cabezas en los chinchorros".

Con letreros

El cadáver de la guerrillera estaba intacto a pesar de que llevaba dos días de viaje por el río, sobre un nudo de troncos. Tenía dos tiros, uno en el pecho, en el lado del corazón, y otro en la cabeza, al centro de la frente.

Se trataba de una comandante del ELN que había sido fusilada junto a otros siete de sus compañeros en el río Munguidó, afluente del Atrato. En una disputa territorial que luego se ampliaría a otras regiones del país, hombres de las FARC les dieron tiros de gracia con revólveres y enviaron el mensaje: "prohibido sacar los cuerpos del río".

Como de costumbre, llevado por su sentido humanitario, Domingo Valencia Chará se acercó a la palizada sobre la cual se veía a la mujer blanca, en ropa interior. Cuando observó de cerca aquella humanidad intacta la reconoció: "es la jefe de los elenos, la española". Tenía ojos claros y, según las creencias de Domingo, el pico de los gallinazos no le entró porque, seguro, "comía mucha cebolla".

Eran las tres de la tarde de un jueves de abril de 2001. En un recodo del Atrato, Domingo varó las ramas que no se hundían, aunque la guerrillera era corpulenta y pesada. Salió a dar aviso al casco urbano de Bojayá de donde enviaron a dos hombres en un bote de madera con motor fuera de borda. Los tipos amarraron los palos a una soga, los arrastraron a un lado del pueblo y en una curva del río, sin cajón y sin avemarías, enterraron el cuerpo de la extranjera.

La casa de Domingo, hecha de tablas y sobre un pequeño cerro a orillas del Atrato, está rodeada por un par de almendros. Él se la pasa descamisado, de bermudas y chanclas de caucho. Cuando no está en las jornadas de siembra en el campo, observa el remanso del río que tiene al frente y detalla los objetos que
van corriente abajo: recortes de madera de los aserríos, ramas y, por supuesto, muertos. Aunque ya no se ven casi.

"Ahora la cosa está calmada, pero cuando circulaban paramilitares y guerrilleros a toda hora se acumulaban muchos cadáveres en la Ciénaga de los Platillos -relata Domingo-. Uno llegaba oliendo a muerto. Los mataban descuartizados, se encontraban cabezas y troncos en los trasmallos. Una vez me pasé dos meses sin comer carne porque sentía que era carne humana".

De ver pasar tantos muertos frente a su rancho y por las orillas donde siembra piña, plátano y yuca, Domingo se dedicó a recogerlos. Primero porque le parecía inhumano dejar que esos cadáveres se deshicieran a la intemperie, picoteados por las aves de rapiña y luego mordisqueados por los dentones, que son los peces más carroñeros del río.

También rescataba los cuerpos y los enterraba porque en la Alcaldía de Bojayá le pagaban una bonificación de 200 mil pesos por cada uno. Ha sepultado a paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes y civiles. Tan pronto avista a lo lejos dos o tres gallinazos que bajan por el centro del río, como levitando, se dice: "hay muerto, mi negro". Y sale a trabajar.

Pero hallar cadáveres aun en los días más aciagos de la guerra irregular del Atrato, que es la del país, no resulta tan común. Otro viejo campesino de la región que viajaba de pueblo en pueblo vendiendo botes de madera asegura que los muertos saben a quién le salen. "No todo el mundo los consigue. Para eso hay gente que tiene su energía. Al momento de cogerlos hay que rezarles, encomendarlos al Señor: un Padrenuestro y un Avemaría, según los antiguos".

Domingo no siempre ha podido cumplir el ritual, porque a veces hay "muertos importantes". Eso quiere decir que por ser muy conocidos y tener alguna representatividad, sus verdugos los envían aguas abajo con marcas visibles; quieren que la gente los vea y aprenda la lección.

"Una vez bajó un guerrillero, paisa, y tenía un aviso pegado del pantalón: 'FAVOR NO TOCAR'. Lo mataron los mismos compañeros. Quién sabe qué era tan grave, si por sapo o qué. Pero ahí sí uno no ve muerto, así lo tenga en las mismas narices. Si lo recojo, este negro es el siguiente que se va de viaje".

Dolor de Do Dromá

El río es una masa de agua café que nace en el cerro Plateado, a 17 kilómetros del casco urbano del municipio Carmen de Atrato. Allí, en los primeros tramos, hace el ruido de una quebrada y su caudal es cristalino. Luego, en el descenso vertiginoso desde la montaña rumbo a las planicies inundadas del Chocó, recibe el agua de decenas de afluentes que lo ensanchan y lo tornan pardo.

Los indígenas embera chamí y wounan y los negros mantienen en la punta de sus lenguas una sentencia: "sin el río no somos nada". No es palabrería, es el resultado de una relación ancestral que involucra la cultura, la economía y la vida social de la región.

No hay carreteras y el río es una gran autopista por la que desfila la vida en todas sus manifestaciones: el pescado, la madera cortada, las embarcaciones de carga y pasajeros, el combustible, los abarrotes que llegan de Turbo y Quibdó, las cargas de maíz y arroz y la ganadería de los potreros que han ido creando los colonos, después de darle mordiscos con sus hachas a la selva virgen y biodiversa del Chocó. También cruza por ese caudal algo del oro y del cobre extraído de las minas circundantes.

Dependiendo de la estación, el Atrato vomita en el golfo de Urabá, cada segundo, entre 4.200 y 4.900 metros cúbicos de sus aguas turbias. Salen por quince bocas que forman un delta de diez kilómetros. Ese gran río madre es el que los aborígenes llaman Do Dromá.

En noviembre de 2003 la Diócesis de Quibdó y las organizaciones campesinas e indígenas lideraron una toma pacífica del río. Después de seis años de estar confinados, de soportar retenes ilegales y restricciones al paso de alimentos, los nativos hicieron una travesía de Quibdó a Turbo que llamaron Por un buen trato en el Atrato.

"Nuestra toma -dijeron entonces- es una protesta en contra de las masacres, desapariciones de centenares de campesinos, los desplazamientos, los señalamientos y las retenciones arbitrarias, las hambrunas, las epidemias, el cautiverio de pueblos enteros en el mismo lugar donde habitan sin poder salir al trabajo".

Se trataba de romper un cerrojo de plomo y una depresión sicológica que produjo incluso suicidios y mató la alegría acostumbrada de los negros y el peregrinaje libre de los indígenas.

Esos años anduvieron con miedo, desesperados, presas de lo que un líder campesino llama "el terrorismo que aplastó nuestro proyecto de vida. Ni siquiera se permitían los ritos religiosos, los cantos alabaos, los novenarios y las reuniones. Se trató también de nuestra destrucción cultural, porque el río significa vida y en él ya no veíamos sino familiares, amigos y vecinos muertos".

En Chocó mucha gente sigue muerta, aunque parezca estar viva. Así le pasa a Paulina Mena que a diario camina triste y sin un peso por el malecón que en Quibdó bordea el Atrato.

Ella tuvo que dejar su finca en Tamboral y refugiarse en la capital chocoana, en donde desaparecieron a dos de sus hijos, que eran maestros, uno de ellos en un retén ilegal que funcionaba en el puente sobre el río La Playa , en el corregimiento Tutunendo. Ahí bajaban a los pasajeros, lista en mano, y después los echaban al agua. Un campesino describe el lugar como un "depósito de muertos".

La sangre derramada, que según los indígenas entristeció al gran Do Dromá, no se va a olvidar. Es una herida que nunca se sana porque esos desaparecidos, el 80 por ciento arrojados al Atrato y sus afluentes, nunca se pudieron enterrar. "Se consumieron en el río y sus huesos se fueron al fondo, quedaron sepultados bajos las aguas, convertidas en un cementerio".

La voz de los ejecutores

A las seis de la mañana de este Viernes Santo dos ex integrantes del Bloque Élmer Cárdenas (Bec) de las autodefensas, que operaban en el Atrato, responden preguntas. Uno, de raza negra, 1.80 metros y contextura delgada fue patrullero en el río durante cuatro años. Hoy trabaja en una finca ganadera. El otro, un mulato de 1.70 metros , fue comandante de frente y ahora administra una cabaña de turismo.

Sentados muy cerca de las playas del mar chocoano describen el río como un campo de batalla y lo califican de camposanto. En lo que ambos conocieron, más de 300 muertos terminaron arrastrados o perdidos en sus aguas.

Los cuerpos iban a parar al río, según ellos, por física necesidad, a falta de sitios de tierra seca para enterrarlos. La mayoría de los combates ocurría sobre ríos y caños y los paramilitares y guerrilleros muertos terminaban en las aguas sin que fuesen recuperados nunca debido a las condiciones agrestes de la zona.

"Entre Vigía, Bojayá y Riosucio y en las cuencas de los ríos Salaquí, Opogadó y Truandó se combatía mucho -relatan-. La forma típica era la emboscada desde las orillas, en los recodos, con rockets, fusiles y granadas de fusil, de manera que quienes caían se hundían y morían por el ataque o ahogados, y se iban al fondo por el peso de las armas y las municiones".

Hubo episodios de muertes masivas que aún están en sus mentes: en Caño Claro, por ejemplo, se ahogaron o murieron en un ataque de las Farc más de 100 autodefensas, pero de esos cadáveres solo aparecieron un poco más de 10.

Lo mismo pasó en Bojayá donde, según su relato, se hundieron varias lanchas de guerrilleros ametralladas por un helicóptero de los paramilitares. "Por eso los cadáveres, que debieron ser más de 50, nunca aparecieron".

El negro alto, vestido de bermudas y chanclas, y el mulato, de yines y botas, aceptan que hubo fusilamientos, pero niegan descuartizamientos y destripamientos. Cuando se dieron ejecuciones cerca de algún centro poblado "la víctima era enterrada a poca profundidad", porque la escasa tierra firme de la zona es de alto nivel de aguas. A 50 centímeros la fosa se volvía un charco y por eso también "se abría el cadáver" antes de sepultarlo.

Aunque ambos ex combatientes están entregando sus versiones a los relatores de la Comisión de la Ley de Justicia y Paz, los parientes de las víctimas creen que la verdad total nunca se sabrá. "De eso se trata: para ellos, del olvido y para nosotros, de la lucha por recordar a nuestros muertos", advierte un líder campesino.

El nacimiento de la muerte

Aquella tarde, a las 3:30, después de cuatro horas de conversación, el sacerdote salió descompuesto y abatido por las respuestas del jefe paramilitar Carlos Castaño a la comisión que se reunió con él para detener la ola de crímenes del primer semestre de 1997 en Chocó y que se extendió durante los seis años siguientes como una epidemia.

Castaño "se paró" en la palabra durante una hora, recitó sus discursos de memoria, y les hizo sentir a los curas que cualquier otra verdad resultaba un sacrilegio. "Nos remató: 'padres, ustedes saben muy bien eso de mata que Dios perdona'".

El cura también se sentía derrotado porque en cada una de las poblaciones que cruzó, de ida y regreso adonde el jefe de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, veía uniformados de los organismos de seguridad muy cerca de los retenes paramilitares. "Todo el mundo sabía dónde estaba su santuario, menos el Gobierno".

Aquel peregrinaje del padre para atender y defender a las víctimas del conflicto armado nunca se detuvo. Dos años después en sus correrías se encontró con el azote que vivían los pobladores de Carmen de Atrato, en la cabecera del gran río. Los paramilitares volaron tres puentes construidos, en parte, con dineros y esfuerzos comunitarios: en Guaduas, Sabaletas y La Puria.

Pero antes de dinamitarlos, el 24 de febrero de 1999 , al mediodía, habían sacado de su casa al agricultor Luis Arcadio Caro Bolívar. Lo decapitaron y lo tiraron al Atrato desde el puente metálico de Las Anchas. El cuerpo fue rescatado, pero su cabeza nunca apareció. Según una relatoría de víctimas ante la ONU , ese mismo día en la tarde los agresores atacaron el caserío El Siete y escribieron un aviso cuya sentencia el padre, aún hoy, recuerda con indignación: "mata que Dios perdona".


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS.
Ricardo Ferrer Espinosa

Blog basado en Denuncia 18690, 13/ 06 /1997, fiscal Cristina Bustos G. Masacres en el Atrato.

Dos blogs y un libro han servido para avivar la Memoria Insumisa:

http://testigoysobreviviente.blogspot.com

Blog iniciado el 28 de febrero de 2006.

http://mercenariosencolombia.blogspot.com

Colección básica de textos y noticias sobre mercenarios. Pendiente de procesar.

- Libro: "Nos matan y no es noticia". Editorial Cambalache 2010. Ha sido presentado en Oviedo, Cáceres, Tenerife. Valencia 2 de julio, 3 de julio en Carcaixent, y en Málaga 8 de julio.

El libro está disponible para ser descargado desde el siguient enlace:

http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/sin-noticia-nos-matan.html

Desde este enlace se puede descargar el libro completo, con las listas de Víctimas y victimarios. Y retomo el homenaje anónimo al médico Mario Andrés Flores.