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miércoles, 23 de marzo de 2011

2011 mAR 23 / LOS CATORCE AÑOS DE LA COMUNIDAD CON UN NUEVO ASESINATO

COMUNIDAD DE PAZ DE SAN JOSÉ DE APARTADÓ

LOS CATORCE AÑOS DE LA COMUNIDAD CON UN NUEVO ASESINATO


MARZO 23 DE 2011


Habíamos hecho entre toda la comunidad una reflexión de los catorce años que cumplíamos: sobre nuestras opciones, donde hemos dicho sí a la vida y no a la muerte. 

Estando en ello nos encontramos con un nuevo asesinato realizado por los paramilitares y con la complicidad de la fuerza pública. El descaro de todo lo que está pasando es tan evidente que quien tenga mínimos principios éticos no puede dejar de sentir rabia y dolor profundo ante tanta hipocresía de un gobierno y un Estado que habla un discurso y la realidad es totalmente distinta.



Los hechos que dejamos constancia al mundo son tan claros que no merecen ningún tipo de comentario y análisis. Lo descrito en los días anteriores se está cumpliendo, allí enmarcábamos todas estas muertes anunciadas desde el paramilitarismo en colaboración estrecha con la fuerza pública, utilizando como siempre lo han hecho la mentira para desvirtuar todo.


Creemos que quienes caminan desde diversos lugares con nuestra comunidad se niegan a este horror e igual que nosotros, creen en la construcción de la vida sin ninguna forma de retroceso.

- El 22 de marzo de 2011, a las 18:20 horas una moto con dos paramilitares armados siguieron el carro desde Apartadó donde se dirigía Jesús Emilio Tuberquia, se acercaron varias veces lo observaron a él, lo vieron acompañado de gente internacional y se quedaron en Tierra Amarilla. 

En dicho lugar esperaron a BERNARDO RIOS LONDOÑO quien se había encontrado minutos antes con Jesús Emilio en el terminal de Apartadó y quien venía en bicicleta. Los paramilitares lo detuvieron en Tierra Amarilla y lo asesinaron hacia las 18:30 horas. En esa hora se encontraba a cinco minutos un retén del ejército, así como dos retenes más de la fuerza pública en la carretera.

BERNARDO tenía 27 años, había estado en la comunidad meses antes y se había salido para irse a vivir a la vereda la Miranda donde residía y trabajaba como aserrador; sus hijos y compañera viven y hacen parte de nuestra comunidad.

La comunidad al enterarse del asesinato ha ido por el cuerpo de él para ser velado y enterrado en nuestra comunidad.

Los sembradores de la muerte han intentado acabarnos en estos catorce años, nuestra testarudez por la vida nos lleva a no cederles; con el miedo, la impotencia, la rabia de tanta impunidad y complacencia del Estado ante tanto horror, apostamos por construir en nuestro hoy y en nuestra comunidad una vida distinta, celebramos catorce años en el funeral de Bernardo para apostarle a la resistencia civil, su memoria y la de tantos otros asesinados nos darán esa luz para seguir un camino de esperanza no mercantilizada en recompensas sino en dignidad y coherencia por la vida.

COMUNIDAD DE PAZ DE SAN JOSE DE APARTADO


martes, 25 de enero de 2011

Los años en los que el paramilitarismo inundó de sangre a Antioquia


Publicado en Semana.com


Nunca más - Masacres
Jueves, 16 de Octubre de 2008 19:56

El senador Gustavo Petro le amenazaron la familia cuando dijo que iba a hablar en el Congreso sobre lo que ocurrió en Antioquia entre 1995 y 1997. ¿Qué sucedió en aquel tiempo que despertó tales intimidaciones? Investigación.


El período empezó con protagonismo de los paramilitares. 

Como si se tratara de una historia de caballería, Carlos Castaño anunció en enero de 1995 su triunfal entrada a Urabá. Para aquel entonces, él comandaba las Autodefensas Campesinas de Córdoba (Accu) había llegado, según sus propias palabras, para controlar esa zona, que estaba en manos de guerrilleros.

Aquella avanzada fue vital para el propósito estratégico de los grupos de autodefensas que antes de ese año habían disminuido sus acciones violentas tal como lo demuestran las estadísticas.

Esto se debió a roces dentro del cartel de Medellín. Ya sin el máximo líder, Pablo Escobar Gaviria, la organización sufrió un período de desorden y los paramilitares quedaron en una especie de limbo, sin apoyo económico ni logístico. Antes de esa época, Escobar en alianza con José Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’ habían financiado las bandas de sicarios que fueron la semilla al paramilitarismo en el Magdalena Medio y cuyo modelo se expandió después por el resto del país.

Pero desde que Castaño hizo su anuncio, Antioquia se convirtió en un mar de sangre que se prolongó hasta finales de la década.

En el terreno político, 1995 fue un año de posesiones. Álvaro Uribe asumió como gobernador de Antioquia y Pedro Juan Moreno como secretario de Gobierno. En diciembre, los generales Alfonso Manosalva y Rito Alejo del Río se hicieron comandantes de las brigadas Cuarta y Decimoséptima, respectivamente. Esta última tiene su sede en Urabá.

Tiempos de violencia
En este periódo, el repunte de las acciones paramilitares en el departamento fue sorprendente. Podría decirse que 1996 fue un año de preparación. Escalofriantes testimonios revelan los fuertes lazos que se empezaron a tejer entre las autodefensas y la fuerza pública.
Simultáneamente en Antioquia fueron puestas en marcha las Convivir que con el tiempo recibieron numerosas críticas. “Estamos exportando, a través de una concepción equivocada del orden público, violencia para departamentos pacíficos como los de la Costa y Chocó. Estamos exportando violencia, a través de las Convivir, para todo el país”, clamó el 25 de agosto de 1997 en el décimo aniversario del asesinato de Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur, el abogado Jesús María Valle Jaramillo.

La voz de Valle Jaramillo era una de las más autorizadas en su momento. Abogado, profesor universitario, fundador del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos (1979) y presidente del mismo entre 1987 y 1992. Fue asesinado en marzo de 1998 por tres sicarios que entraron a plena luz del día a su oficina en Medellín y lo acribillaron.

1996, un año logístico

Las declaraciones más recientes se las dio un sargento a la revista SEMANA. Según dijo, al general Del Río “lo llamaban ‘el papá de las autodefensas’ porque fue quien empezó a uniformarlas y a darles el manejo militar que se necesitaba”.

La ex alcaldesa de Apartadó Gloria Cuartas también estaba al tanto de esa relación y la denunció en reiteradas ocasiones, incluso, ante la Fiscalía.

De acuerdo con el libro Deuda con la humanidad, Cuartas insistía en que “la unidad de acción entre el Ejército y los paramilitares era de público dominio en la región” y describía que “los paramilitares ingresaban a las instalaciones de la Brigada XVII en motocicletas y otros vehículos sin ningún obstáculo”.

En los archivos del diario El Colombiano hay un titular que refleja la situación sobre uno de los muchos sucesos de sangre que se presentaron en esta época en el departamento. “En bus de Ituango viajaban soldados y paramilitares”, dice el periódico en su edición del 7 de noviembre de 1997 para referirse a un asalto a un vehículo por parte de la guerrilla.
Sin embargo, los enfrentamientos de esa época no sólo se circunscribían a los actores armados directamente sino a la población civil que convivían en aquellos escenarios. Así, por ejemplo, para el Observatorio de Paz de la Vicepresidencia de la República, durante ese año los grupos armados empezaron a ejecutar un nuevo modo de operar. Consistía en no atacar directamente a quienes consideraban enemigos, sino a sus ayudantes.

Por eso, se fueron contra campesinos que solían acusar de ‘auxiliadores’. Era como una especie de guerra de laboratorio, en la que cada grupo mostraba su poder atacando a terceros, pero sin hacerse daño entre sí.

Como parte de esa estrategia, los paramilitares desaparecieron a 16 personas del corregimiento La Esperanza, del Carmen de Viboral, en el oriente antioqueño. La zona estaba controlada por guerrilleros. El hecho naturalmente produjo un profundo impacto intimidatorio en todo el departamento. Con el tiempo, habría pistas de quienes estuvieron detrás de semejante matanza.

La hora de la confesión

En efecto, antes de desmovilizarse,
 Ramón Isaza declaró ante la prensa que el responsable del hecho fue su hijo, Omar Isaza, pero que las órdenes las dieron el general Manosalva y el mayor David Hernández, también de la Cuarta Brigada.

Con ese mismo general y ese mismo año se preparó también la masacre de El Aro, en Ituango, según lo declaró recientemente Salvatore Mancuso

Pero Manosalva no alcanzó a saber del desenlace de su plan porque murió el 16 de abril de 1997 como consecuencia de un aneurisma.

Su puesto en la unidad militar –la IV Brigada- lo ocupó el general Carlos Alberto Ospina quien posteriormente alcanzó el puesto de comandante general de las Fuerzas Militares.

Otro plan que se contempló en 1996 fue el de incorporar a los paramilitares a la sociedad. Los registros de prensa dicen que a finales de ese año, el presidente de Proantioquia, Mario Aristizábal, se reunió con las Accu como vocero del Sindicato Antioqueño en una comisión facilitadora de paz. Como resultado del encuentro, quedó el compromiso de “motivar al gobierno y al Congreso para crear un proyecto de ley sobre el tema”.

Manos a la obra

El año siguiente fue fatal. Las estadísticas dicen que en 1995 se presentaron en Antioquia 328 acciones armadas. En 1996, el número subió a 394. En 1997, se presentaron 2.482 acciones armadas. Es decir, el incremento fue del 630 por ciento.

Y es que desde que empezó fue sangriento. El 27 de febrero, paramilitares y soldados jugaron un partido de fútbol al que citaron a los habitantes del municipio de Bijao del Cacarica. El hecho de por sí sorprende por la relación entre ambos bandos, según los registros de la prensa de entonces.

Según los organismos defensores de derechos humanos, lo que resultó aterrador fue que el balón era la cabeza de Marino López, un habitante del pueblo que habían matado hacía poco culpándolo de guerrillero. Para el Comité de Derechos Humanos de Antioquia de la época, el hecho se hizo como parte de la operación Génesis, con la que el general Del Río quería acabar al frente 57 de las Farc, en Urabá.

Con hechos parecidos, los grupos paramilitares se multiplicaron de la noche a la mañana. Para 1997, en Antioquia estaban las Accu, las Autodefensas del Magdalena Medio, los Antiterroristas del Nordeste, Colombia Sin Guerrilla, Muerte a Comunistas y Guerrilleros del Nordeste, el Comando Urbano Paramilitar de Medellín, la Red Urbana Paramilitar, los dos Comandos de Autodefensas Barriales, el grupo La Metro y el grupo Muerte a Sindicalistas (Mas).

Todos ellos, junto con otras agrupaciones del país, se reunieron el 15 de mayo de 1997 en Turbo, Antioquia. Conformaron las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y planearon expandirse por todo el país.

Para lograrlo, establecieron como centro de operaciones los departamentos de Antioquia, Chocó y Córdoba. Desde allí deberían conquistar a toda Colombia. Ejecutar esa estrategia implicaba apropiarse de todo el norte de Antioquia, donde confluyen los tres departamentos, en pleno Nudo de Paramillo.

En esa zona, son estratégicos la región de Urabá y el municipio de Ituango. Urabá, porque tiene un puerto natural que permite el tráfico de drogas hacia centro y Norteamérica y la entrada de insumos para las mismas, de mercancía y armas de contrabando. De ahí el anuncio triunfal de Castaño cuando conquistó esas tierras.

Para el momento de la formación de las Auc, la guerrilla no tenía mucho poder en el Urabá, porque ya dominaban el territorio los paramilitares.

Entonces faltaba quedarse con Ituango, que es un corredor que permite el desplazamiento desde Córdoba hasta Urabá y de ahí a Chocó. Es decir, es un punto central que une a los departamentos que conformaban la plataforma de operaciones para que las autodefensas se expandieran por todo el país.

Una masacre diciente

Por eso, se perpetraron cruentas masacres en ese municipio. Un ejemplo es la de El Aro, entre el 25 y el 26 de octubre de 1997, la misma que habían planeado Mancuso y el general Manosalva, según el testimonio del líder paramilitar recientemente en su audiencia pública.

Este hecho, en que murieron 11 personas, ha sido comentado muchas veces por los medios de comunicación y ha sido objeto de tantos análisis porque es de crucial importancia para la historia de la violencia actual de Colombia.

Las razones son varias. Primero, porque, en efecto, las nacientes Auc lograron el control del municipio para desarrollar su estrategia de expansión. Segundo, porque da cuenta de la estrecha relación entre autodefensas y soldados. Sobre esto hay varios informes de organizaciones de derechos humanos y también las confesiones de los militares y paramilitares que han declarado ante la Fiscalía sobre la alianza de ambos bandos.

Un ejemplo, es el testimonio del ex paramilitar Francisco Villalba, que cita un informe de Human Rights Watch. El ex combatiente dijo ante la Fiscalía que fue testigo del encuentro entre Mancuso y un teniente del ejército antes de la masacre. También comentó que, al rato, “llegó un helicóptero del Ejército y nos bajó elementos de salud y munición”.
La tercera razón es la sospechosa respuesta del gobierno. El entonces presidente del Comité de Derechos Humanos de Antioquia, Jesús María Valle, supo de varias fuentes la historia de la implicación del Ejército en éstas y muchas otras muertes.
Tales sucesos no lo dejaban dormir. Su condición de defensor de derechos humanos le hizo denunciar las estrechas relaciones en varios momentos. Lo hizo ante la Gobernación de Antioquia y ante la cúpula militar del departamento. Pero lo único que recibió fueron señalamientos de ‘guerrillero’.

Finalmente, como se citó anteriormente, lo mataron con la boca sellada con cinta en su oficina en Medellín el 27 de febrero de 1998.

Según Human Rigts Watch, un fiscal dijo que “recibió información creíble que indicaba que el Mayor Hernández había pagado a La Terraza (una banda de sicarios de Medellín) una suma equivalente a siete mil dólares a cambio de la vida de Valle”.

La cuarta razón es que, finalmente, se demostró la culpa del Estado y los militares en la masacre. La Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que “ha quedado demostrada la participación y aquiescencia de miembros del Ejército colombiano en la incursión paramilitar en El Aro y en la determinación de un toque de queda con el fin de facilitar la apropiación del ganado. Así mismo, se ha comprobado que agentes del Estado recibieron ganado sustraído de manos de los arrieros”.

Según esa Corte, el Estado debe pagar una indemnización cercana a un millón 426 mil dólares a las familias de las víctimas.

Ahora cuando el senador Gustavo Petro anuncia que develará lo ocurrido en aquella época seguramente muchos recordarán estas historias y sus protagonistas tendrán la oportunidad de contar su versión de una de las épocas más oscuras de Antioquia en materia de derechos humanos.


Publicado en Semana.com

sábado, 23 de octubre de 2010

El asesinato de Francisco Villalba /

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. Ricardo Ferrer Espinosa



El asesinato de Francisco Villalba
Álvaro Uribe Vélez y la masacre de El Aro

Martes 5 de enero de 2010, por Guillermo González Uribe

Luego de los testimonios que ofreció el año pasado ante la Fiscalía General de la Nación y el Congreso de la República, lo asesinaron el 23 de abril del 2009.

Colombia | Víctimas de Crímenes de Estado |

Su nombre era Francisco Enrique Villalba Hernández, alias «Cristian Barreto». Lo condenaron junto con dos de los máximos jefes paramilitares, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, por la masacre de El Aro; estos últimos a 40 años de cárcel, y Villalba a 33 años y 4 meses. F [1] Alias Cristian Barreto se entregó a la justicia el 13 de febrero de 1998, tres meses después de dicha masacre, para aliviar su conciencia [2]. Luego de los testimonios que ofreció el año pasado ante la Fiscalía General de la Nación y el Congreso de la República, lo asesinaron el 23 de abril del 2009.

La masacre de El Aro ha sido una de las más crueles perpetradas por los paramilitares: durante una semana se pasearon libremente por la zona, cometiendo desmanes contra sus habitantes y sus posesiones: «Con toda la parsimonia del caso, como a sabiendas de que nada les impediría su calculada carnicería, cazaron, torturaron y vejaron a sus 17 víctimas, quemaron 42 de las 60 viviendas, se robaron 1.200 reses y forzaron a 702 habitantes a salir huyendo para salvar la vida» [3] . Los relatos de los hechos son espeluznantes: descuartizamientos, violaciones, saqueos. Al tendero del pueblo, Marco Aurelio Areiza (64 años), lo amarraron, lo torturaron, le sacaron el corazón [4], los ojos y los testículos.

El testimonio inicial de Villalba y otros más se corroboraron en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado colombiano por los hechos, en pronunciamiento que sintetiza el horror de la violencia paramilitar en el país [5]. Incluso la sentencia señala que «Colombia reconoció su responsabilidad internacional… en vista de la participación de agentes suyos en los hechos».

Los textos citados que reconstruyen los sucesos hablan de cómo se pidió apoyo a la gobernación de Antioquia, así como al ejército y a la policía, pero las autoridades no ayudaron a los pobladores, e incluso «Miembros del ejército iban arreando el ganado» [6] robado a los campesinos. Este hecho formó parte de la sangrienta estrategia paramilitar para combatir a la guerrilla, despojar de bienes y tierras a campesinos, proteger a los terratenientes y tomar el control de regiones claves para el narcotráfico. Las masacres de los corregimientos de El Aro y La Granja, municipio de Ituango, se cometieron en desarrollo de la lucha por el Nudo de Paramillo, zona vital para el dominio del departamento de Antioquia y de la región, que estaba bajo la influencia de la guerrilla, según lo reconoció el propio líder paramilitar Salvatore Mancuso [7]. 

Admitió también él que los paramilitares son hijos del Estado colombiano, y que recibieron adiestramiento y armas por parte de las fuerzas regulares del Estado [8]. Esta estrategia encontró un terreno fértil para su desarrollo en las cooperativas privadas llamadas Convivir, legalizadas y respaldadas en el departamento de Antioquia en los años noventa, durante la gobernación de Álvaro Uribe [9].

Francisco Villalba, el protagonista de este recuento, estudió hasta quinto de primaria. Siendo un niño de diez años conoció a Dandenys Muñoz Mosquera, alias La Quica, quien llegaría a ser lugarteniente del capo más poderoso que ha existido en Colombia, Pablo Escobar Gaviria. Cuando tenía dieciséis, La Quica lo mandó a trabajar con Fidel Castaño, uno de los paramilitares más sanguinarios [10]. De ahí en adelante la historia de Villalba es semejante a la de otros paramilitares: asesinatos, masacres, torturas, traiciones.

Pese a lo relatado, la noticia del asesinato de Villalba no tendría mayor trascendencia en un país copado por la violencia. Lo que la hace singular es que en sus testimonios vinculó al hoy presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, con una masacre.

Villalba lo afirmó ante la Fiscalía en febrero del 2008 « [11] y lo ratificó luego ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, en noviembre del mismo año. El 22 de abril del 2009, pocos meses después de su testimonio ante el Congreso de la República, y cuando había pasado apenas algunos días en prisión domiciliaria, sicarios que utilizaron armas con silenciadores [12] lo asesinaron frente a su casa, en el municipio de La Estrella, adjunto a Medellín [13], cuando estaba acompañado de su esposa y su hija de cuatro años.

Dice Villalba en su testimonio ante el Congreso de la República [14] que en la reunión en que se planeó la acción sobre El Aro estuvieron presentes «Álvaro Uribe y Santiago Uribe, el señor Mancuso, Cobra, Noventa, Carlos Castaño, mi persona, Junior y los 22 hombres que yo tenía bajo mi mando». 

Agrega que luego de la matanza se celebró otra reunión en la que además de varios jefes paramilitares, como Mancuso y Carlos Castaño, estaban Álvaro y Santiago Uribe, y que el entonces gobernador de Antioquia «Nos felicitó y todo a nosotros». Añade que la operación se realizó para liberar a varios secuestrados, entre ellos a Mario, primo de Álvaro Uribe. Habla además de cómo el helicóptero de la gobernación sobrevoló la zona durante la masacre. Afirma que el hermano de Álvaro, Santiago Uribe, es el dueño del grupo paramilitar Los Doce Apóstoles. Se refiere luego a una supuesta carta suya al presidente Álvaro Uribe, en la que se retracta de sus acusaciones, pero indica que esa carta es falsa: «Yo nunca me voy a retractar, yo lo que dije me quedo ahí, si me van a matar que me maten…». 

Habla también de otra carta dirigida al presidente Uribe, en la que el paramilitar Junior dice que Villalba no fue autor intelectual ni material de la masacre. Al respecto, alias Cristian Barreto responde que en la cárcel les propusieron a varios desmentir sus acusaciones, y que el único que aceptó fue Junior. «Hay una contradicción del señor Junior. Él dice que yo no participé en la masacre de El Aro. Si yo no participé entonces por qué estoy detenido, primero que todo porque me hicieron reconocimiento los familiares de las víctimas…», explica. Cuando le dicen en el interrogatorio que no hay registro del vuelo del helicóptero de la gobernación en la zona durante los días de la acción paramilitar, responde que esto proviene de «el monopolio del país, el monopolio que quieren ocultar cosas y dejarlo a uno como un mentiroso como que está echando mentiras, yo siempre he pedido una veeduría internacional…». 

Una última cita de este documento; luego de afirmar que ha sido objeto de varios atentados, Villalba agrega: «… así me maten que lo logren hacer van a callar pero las pruebas saldrán después… Son muchas pruebas que hay ocultas que muy pronto van ha (sic) salir».

No es fácil creer este testimonio de Villalba, pero los hechos generan por lo menos varias preguntas:
Si era un testigo tan excepcional, que había sido objeto de atentados y afirmaba que lo iban a matar, ¿por qué se le dio prisión domiciliaria sin brindarle protección?

Si se le creyó a Villalba cuando confesó la masacre de El Aro, y por eso la justicia colombiana lo condenó, junto con Mancuso y Castaño, ¿por qué ahora se le da credibilidad a la carta de otro paramilitar en la que se asevera que Villalba no tenía mando ni participó en los hechos? ¿Por qué aparece de pronto, en la
Presidencia de la República, una carta supuestamente de Villalba en la que asegura que era mentira lo que dijo del presidente, pero el propio Villalba enfatiza que él no la escribió?

¿Por qué se le da amplia difusión y credibilidad a esa carta que, según investigación de Noticias Uno, y dictamen de un grafólogo, no la escribió Villalba sino otro preso que por interpuesta persona la hizo llegar a la Presidencia de la República? [15].

¿Por qué la defensa dice que no hay constancia de que el helicóptero de la gobernación estuvo en El Aro durante la masacre porque no aparece en los registros de la gobernación, pero además del testimonio de Villalba, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso sostuvo en su versión libre del 18 de noviembre del 2008 que «un helicóptero de la gobernación de Antioquia sobrevoló El Aro durante la masacre» [16].

¿Por qué en esa misma declaración Mancuso afirma que «… el entonces secretario de Gobierno de la gobernación de Antioquia, Pedro Juan Moreno, se enteró de lo que iba a pasar en El Aro en una reunión que tuvo con Carlos Castaño a la que asistió Salvatore Mancuso en Tierralta, Córdoba, previa a la masacre. Moreno había pedido personalmente a Castaño una cita para hablar sobre las Convivir de Urabá, de las que fue uno (de los) defensores en Antioquia»?

¿Quién o quiénes deben responder ante el Estado colombiano por los $3.500 millones que la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo condenó a pagar a los familiares de las víctimas de las matanzas de El Aro y La Granja? [17]

La masacre de El Aro es un caso salpicado de hechos, coincidencias, interrogantes, patrones de comportamiento que no dejan de preocupar.

Al defensor de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo, quien había denunciado en repetidas ocasiones el accionar paramilitar ligado al ejército en La Granja y El Aro, lo señaló el entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez como «enemigo de las fuerzas armadas» [18], y la IV Brigada lo denunció penalmente. En su defensa, Valle Jaramillo manifestó:

«Yo siempre vi, y así lo reflexioné, que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el comandante de la policía de Antioquia, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y el país» [19]. Al poco tiempo de hacer esta declaración, a Jesús María Valle Jaramillo lo asesinaron.

Por último, cabe señalar que Salvatore Mancuso, uno de los implicados en el testimonio de Francisco Villalba, y quien fue extraditado por el presidente Uribe hace más de un año a Estados Unidos, en entrevista a la revista Cambio titulada «Conmigo extraditaron la verdad», dice [20]: «Si a las autodefensas, que supuestamente eran amigas del gobierno, y a Mancuso, el amigo personal de Uribe, les hacen esto (las extraditan), qué no les harán a las Farc, que asesinaron al padre del presidente». Palabras del propio Mancuso, citándose él mismo en tercera persona como amigo traicionado del presidente Uribe. Esa relación de «amigo personal» del hasta hace poco máximo comandante de los paramilitares con el presidente no la habían reconocido hasta ahora ni el presidente ni Mancuso.

Sostiene además Mancuso en dicha entrevista, al hablar de la elección presidencial de Álvaro Uribe: «La gran mayoría de nosotros apoyamos a Uribe porque recibimos instrucciones de los comandantes y así lo hicimos en todos los departamentos con influencia del bloque Norte».

A la pregunta sobre la razón de su extradición, Mancuso responde: «El gobierno se asustó con las actividades de algunos comandantes y porque estábamos reconstruyendo la verdad».

Apéndice
En su voto razonado sobre las masacres de El Aro y La Granja, el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Antônio Augusto Cançado Trindade escribió, citando a Ionesco [21] :
«Estamos ahora subyugados por la razón de Estado que permite todo: los genocidios, los asesinatos, el meter en cintura a los intelectuales… El Estado es la defensa del crimen. El Estado impulsa el crimen, justifica el crimen… La cultura, que es la única que podría dejar al hombre respirar y darle un poco de libertad, está devorada por el Estado».

Notas
[1] Fiscalía General de la Nación, boletín de prensa, abril del 2003, “http://www.fiscalia.gov.co/pag/divu....

[2] «Uno se aburre de tanto entierro», entrevista de Villalba con Carlos Giraldo y Miguel Garrido, El Colombiano, 24 de agosto del 2006, reproducida por la página de la Fuerza Aérea Colombiana, “http://www.fac.mil.co/?idcategoria=... http://www.fac.mil.co/?idcategoria=13778.

[3] «Las cicatrices de El Aro», Javier Arboleda García, revista Semana, 31 de octubre del 2008, “http://www.semana.com/noticias-conf....

[4] «Un alivio para la pesadilla», Carlos Alberto Giraldo, El Colombiano, 18 de diciembre del 2005, “http://www.micolombiano.com/BancoCo... http://www.micolombiano.com/BancoCo....

[5] Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso de las masacres de Ituango vs. Colombia. Sentencia de 1° de julio de 2006, “http://www.corteidh.or.cr/docs/caso....

[6] «Un alivio para la pesadilla», ob. cit.

[7] «Las cicatrices de El Aro», ob. cit.

[8] Mancuso: «El paramilitarismo de Estado sigue vivo», 3 de abril de 2008, entrevista con Terra, “http://www.terra.com.co/actualidad/....

[9] Debate de Gustavo Petro en el Senado: «Siendo gobernador de Antioquia, Uribe autorizó varias Convivir a paramilitares», “http://www.polodemocratico.net/Urib... http://www.polodemocratico.net/Urib....

[10] «Uno se aburre de tanto entierro», ob. cit.

[11] Detalles del testimonio que involucra a Uribe y a su hermano en una masacre», Gonzalo Guillén y Gerardo Reyes, El Nuevo Herald, “http://www.elnuevoherald.com/opinio...    http://www.elnuevoherald.com/opinio....

[12] «Francisco Villalba, un testigo que sabía demasiado», Desde abajo, http://www.desdeabajo.info/index.ph....

[13] «Francisco Villalba, quien denunció a Uribe, advirtió que lo iban a matar», El Espectador, “http://www.elespectador.com/impreso... http://www.elespectador.com/impreso....

[14] Cámara de Representantes. Testimonio que rinde el señor Francisco Enrique Villalba Hernández. Expediente 2394. 12 de noviembre del 2008. Fotocopia de la declaración que reposa en los archivos del Congreso.

[15] «Antes de morir, Villalba dijo que nunca se retractó de acusaciones contra Uribe», informe de Noticias Uno reproducido por Terratv, “http://terratv.terra.com.co/Noticia....


[17] «Corte Interamericana de Derechos Humanos condena al Estado por masacre de Ituango», El Tiempo, 28 de julio del 2006, reproducida por Acnur, “http://www.acnur.org/index.php?id_p... http://www.acnur.org/index.php?id_p....

[18] «¿Qué fue lo que dijo Jesús María Valle?», revista Semana, “http://www.semana.com/noticias-on-l...http://www.semana.com/noticias-on-l....

[19] «Las responsabilidades en la masacre de El Aro: una verdad por desentrañar», Comisión Colombiana de Juristas, “http://molascolombianas.com/Portals... http://molascolombianas.com/Portals....

[20] «Conmigo extraditaron la verdad», entrevista con Salvatore Mancuso, Cambio, 28 de mayo del 2009, “http://www.cambio.com.co/portadacam...

[21] Corte Interamericana de Derechos Humanos, ob. cit.

miércoles, 17 de enero de 2007

Präsindent Alvaro Uribe


El diario El Mundo de Medellín contra Brígida González. / Masacres en el río Atrato

1) En alemán

2) En español


Am 07.April 2006 erschien in Madrid der Offene Brief des exilierten, kolumbianischen Journalisten, Ricardo Ferrer Espinosa, in welchem der kolumbianischen Zeitung El Mundo (in Medellin) vorgeworfen wurde, die Kommandatur, für das Massaker 1997 in Vigía del fuerte und Murindó, unterschlagen und die Berichterstattung manipuliert zu haben.

Damals waren von den Paramilitärs (AUC), bei Protesten 22 Zivilpersonen ermordet worden. Ferrer Espinosa hatte als Journalist Recherchematerial und umfassende Zeugenaussagen von beteiligten Militärs, Funktionären etc. zusammengetragen, welche eindeutig belegen, dass es sich bei dem Massaker um die Militärstrategie des Staates handelte.

Laut diesen Aussagen kommandierte Präsident Alvaro Uribe, zum damaligen Zeitpunkt Regierender von Antioquia, die Paramilitärs. Die Bemühungen Espinosas, mit seinem der Staatanwaltschaft vorgelegten Beweismaterial, eine gerechte Verurteilung der Möder zu erreichen, scheiterte an der Unterlassung der entsprechenden Ermittlungen.

Stattdessen erhielt der Journalist während dieser Phase seines Kampfes um Aufklärung, ein dreiviertel Jahr lang täglich, frühmorgens und nachts Drohanrufe, bis er schliesslich, im Februar 1998 Kolumbien verliess und ins politische Exil ging. ( Da der Link leider abhandengekommen ist, die Adresse des Journalisten unter dem Brief,

Ricardo Ferrer Espinosa: biondiricar@yahoo.es )

El Mundo (Medellín), apologista de los paramilitares
per Ricardo Ferrer EspinosaEmail: biondiricar@yahoo.es
Madrid, España

07 abr 2006 
El díario el Mundo (Medellín Colombia), ataca a Brígida González, de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Envío respuesta pública al diario y cuestiono la corrupción del Estado colombiano.



Madrid, 7 de abril de 2006
Señor editor
Diario El Mundo
Medellín
Colombia

Asunto: Editorial contra la dirigente de la Comunidad de Paz en San José de Apartadó, Brígída González.

Señor apologista del delito paramilitar: Afortunadamente para Brígida González, su testimonio, escuchado también aqui en Madrid, es ratificado por los acompañantes europeos que han podido verificar personalmente lo que ocurre en ese rincón de la prisión que es ahora la tierra colombiana.

Para su información, no todos los soldados duermen tranquilos, porque sus conciencias les dicen que han hecho mal en obedecer órdenes que incluyen el asesinato de civiles desarmados, incluídos menores, el expolio de bienes y la usurpación de tierra ajena.

Esos soldados dan información detallada de la estrategia paramilitar que su periódico apoya.

También quedan funcionarios decentes, personeros que reciben datos y los verifican, secretarios de los alcaldes que confirman las relaciones de sus superiores con la doble comandancia militar y sus escuadrones de la muerte.

Está mal informado si cree que aquí en Europa todo es silencio y complicidad. Los refugiados, sobrevivientes del terrori oficial participamos en foros y debates.

Personalmente he criticado a todos los grupos que atacan a la población civil, dato que puede verificar en algunas notas que están disponibles en internet. Lo que si me consta, porque lo ví y además recogí los testimonios, es la masacre: los escuadrones de la muerte, AUC, asesinaron a 22 civiles indefensos en Vigía del fuerte y Murindó entre el 22 de mayo y la primera semana de junio de 1997.

Los únicos que no se dieron cuenta fueron el alcalde y el comandate de policía. En medio de la masacre, todos los funcionarios de la Gobernación de Antioquia volvieron a sus sitios de trabajo en el Centro Administrativo Departamental La Alpujarra. Los acompañaron los demás administrativos de otras entidades.

De ellos también recogí testimonios. En la gobernación de Antioquia, el único que ignoró las masacres fué el comandante paramilitar Alvaro Uribe Vélez. Es imposible que no supiera, porque le fueron enviadas cartas desde Quibdó y por lo menos seis de los secretarios del despacho le tendrían que haber comunicado que había una matanza en Vigía del Fuerte y en Murindó.

Por cierto, su periódico tampoco registró los hechos. Mientras los cuerpos flotaban en el río Atrato, a la vista de todo el pueblo, su periódico publicaba una nota sobre la buena gestión del alcalde. Tengo el recorte. Un buen alcalde que omitió su deber de defender a la población civil y se rodeó de sicarios de Córdoba. Doy este dato, porque los escuché personalmente.

¿Los militares ante la Justicia? Me presenté dos veces ante la fiscalía, con fechas, nombres propios, responsables por omisión. Por omisión criminal en la defensa de la población civil no combatiente debían responder ante la "justicia" colombiana los comandantes de policía de Vigía del Fuerte y Murindó, sus comandantes de policía en Antioquia y Chocó, los comandantes de las Brigadas IV y XVII, el comandante de la infantería de Marina, los Gobernadores de Antioquia (Uribe) y Chocó.

En ves de justicia, ocurrió que toda la información del caso estaba en manos de los paramilitares. Me amenazaron por telefono día por día, a las 11:00 de la noche y 3:00 de la mañana, desde junio de 1997 hasta el 15 de febrero de 1998, fecha en la cual debí escapar de colombia.

Hoy, uno de los que debería estar en prisión por las matanzas del Atrato, ocurridas en 1997, es el presidente, Alvaro Uribe Velez. Yo, uno de los numerosos testigos, como funcionario público, denuncié la acción conjunta del ejército con los escuadrones de la muerte.

Ahora soy un exiliado. Esa es la justicia colombiana. Confirmo el testimonio de doña Brígida González, porque el modus operandi ha sido exactamente el mismo en todas las zonas paramilitares.

Su prensa encubre, y hasta mi madre cree en la bondad del genocida Uribe. Pero hay algo que Usted, señor editor desconoce: la diginidad de la gente. Los que no nos callamos.

Ya no me queda nada, todo lo perdí al salir de Colombia. Pero algo le aseguro: yo duermo con mi conciencia tranquila, mientras ustedes intentan ocultar sus carnicerías y el cadaver insepulto de la "Democracia Colombiana".

Ricardo Ferrer Espinosa

Periodista Colombiano,

Blog basado en Denuncia 18690, 13/ 06 /1997, fiscal Cristina Bustos G. Masacres en el Atrato.

Dos blogs y un libro han servido para avivar la Memoria Insumisa:

http://testigoysobreviviente.blogspot.com

Blog iniciado el 28 de febrero de 2006.

http://mercenariosencolombia.blogspot.com

Colección básica de textos y noticias sobre mercenarios. Pendiente de procesar.

- Libro: "Nos matan y no es noticia". Editorial Cambalache 2010. Ha sido presentado en Oviedo, Cáceres, Tenerife. Valencia 2 de julio, 3 de julio en Carcaixent, y en Málaga 8 de julio.

El libro está disponible para ser descargado desde el siguient enlace:

http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/sin-noticia-nos-matan.html

Desde este enlace se puede descargar el libro completo, con las listas de Víctimas y victimarios. Y retomo el homenaje anónimo al médico Mario Andrés Flores.