Mostrando entradas con la etiqueta BASES ESTADOUNIDENSES EN COLOMBIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BASES ESTADOUNIDENSES EN COLOMBIA. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de enero de 2011

Los años en los que el paramilitarismo inundó de sangre a Antioquia


Publicado en Semana.com


Nunca más - Masacres
Jueves, 16 de Octubre de 2008 19:56

El senador Gustavo Petro le amenazaron la familia cuando dijo que iba a hablar en el Congreso sobre lo que ocurrió en Antioquia entre 1995 y 1997. ¿Qué sucedió en aquel tiempo que despertó tales intimidaciones? Investigación.


El período empezó con protagonismo de los paramilitares. 

Como si se tratara de una historia de caballería, Carlos Castaño anunció en enero de 1995 su triunfal entrada a Urabá. Para aquel entonces, él comandaba las Autodefensas Campesinas de Córdoba (Accu) había llegado, según sus propias palabras, para controlar esa zona, que estaba en manos de guerrilleros.

Aquella avanzada fue vital para el propósito estratégico de los grupos de autodefensas que antes de ese año habían disminuido sus acciones violentas tal como lo demuestran las estadísticas.

Esto se debió a roces dentro del cartel de Medellín. Ya sin el máximo líder, Pablo Escobar Gaviria, la organización sufrió un período de desorden y los paramilitares quedaron en una especie de limbo, sin apoyo económico ni logístico. Antes de esa época, Escobar en alianza con José Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’ habían financiado las bandas de sicarios que fueron la semilla al paramilitarismo en el Magdalena Medio y cuyo modelo se expandió después por el resto del país.

Pero desde que Castaño hizo su anuncio, Antioquia se convirtió en un mar de sangre que se prolongó hasta finales de la década.

En el terreno político, 1995 fue un año de posesiones. Álvaro Uribe asumió como gobernador de Antioquia y Pedro Juan Moreno como secretario de Gobierno. En diciembre, los generales Alfonso Manosalva y Rito Alejo del Río se hicieron comandantes de las brigadas Cuarta y Decimoséptima, respectivamente. Esta última tiene su sede en Urabá.

Tiempos de violencia
En este periódo, el repunte de las acciones paramilitares en el departamento fue sorprendente. Podría decirse que 1996 fue un año de preparación. Escalofriantes testimonios revelan los fuertes lazos que se empezaron a tejer entre las autodefensas y la fuerza pública.
Simultáneamente en Antioquia fueron puestas en marcha las Convivir que con el tiempo recibieron numerosas críticas. “Estamos exportando, a través de una concepción equivocada del orden público, violencia para departamentos pacíficos como los de la Costa y Chocó. Estamos exportando violencia, a través de las Convivir, para todo el país”, clamó el 25 de agosto de 1997 en el décimo aniversario del asesinato de Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur, el abogado Jesús María Valle Jaramillo.

La voz de Valle Jaramillo era una de las más autorizadas en su momento. Abogado, profesor universitario, fundador del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos (1979) y presidente del mismo entre 1987 y 1992. Fue asesinado en marzo de 1998 por tres sicarios que entraron a plena luz del día a su oficina en Medellín y lo acribillaron.

1996, un año logístico

Las declaraciones más recientes se las dio un sargento a la revista SEMANA. Según dijo, al general Del Río “lo llamaban ‘el papá de las autodefensas’ porque fue quien empezó a uniformarlas y a darles el manejo militar que se necesitaba”.

La ex alcaldesa de Apartadó Gloria Cuartas también estaba al tanto de esa relación y la denunció en reiteradas ocasiones, incluso, ante la Fiscalía.

De acuerdo con el libro Deuda con la humanidad, Cuartas insistía en que “la unidad de acción entre el Ejército y los paramilitares era de público dominio en la región” y describía que “los paramilitares ingresaban a las instalaciones de la Brigada XVII en motocicletas y otros vehículos sin ningún obstáculo”.

En los archivos del diario El Colombiano hay un titular que refleja la situación sobre uno de los muchos sucesos de sangre que se presentaron en esta época en el departamento. “En bus de Ituango viajaban soldados y paramilitares”, dice el periódico en su edición del 7 de noviembre de 1997 para referirse a un asalto a un vehículo por parte de la guerrilla.
Sin embargo, los enfrentamientos de esa época no sólo se circunscribían a los actores armados directamente sino a la población civil que convivían en aquellos escenarios. Así, por ejemplo, para el Observatorio de Paz de la Vicepresidencia de la República, durante ese año los grupos armados empezaron a ejecutar un nuevo modo de operar. Consistía en no atacar directamente a quienes consideraban enemigos, sino a sus ayudantes.

Por eso, se fueron contra campesinos que solían acusar de ‘auxiliadores’. Era como una especie de guerra de laboratorio, en la que cada grupo mostraba su poder atacando a terceros, pero sin hacerse daño entre sí.

Como parte de esa estrategia, los paramilitares desaparecieron a 16 personas del corregimiento La Esperanza, del Carmen de Viboral, en el oriente antioqueño. La zona estaba controlada por guerrilleros. El hecho naturalmente produjo un profundo impacto intimidatorio en todo el departamento. Con el tiempo, habría pistas de quienes estuvieron detrás de semejante matanza.

La hora de la confesión

En efecto, antes de desmovilizarse,
 Ramón Isaza declaró ante la prensa que el responsable del hecho fue su hijo, Omar Isaza, pero que las órdenes las dieron el general Manosalva y el mayor David Hernández, también de la Cuarta Brigada.

Con ese mismo general y ese mismo año se preparó también la masacre de El Aro, en Ituango, según lo declaró recientemente Salvatore Mancuso

Pero Manosalva no alcanzó a saber del desenlace de su plan porque murió el 16 de abril de 1997 como consecuencia de un aneurisma.

Su puesto en la unidad militar –la IV Brigada- lo ocupó el general Carlos Alberto Ospina quien posteriormente alcanzó el puesto de comandante general de las Fuerzas Militares.

Otro plan que se contempló en 1996 fue el de incorporar a los paramilitares a la sociedad. Los registros de prensa dicen que a finales de ese año, el presidente de Proantioquia, Mario Aristizábal, se reunió con las Accu como vocero del Sindicato Antioqueño en una comisión facilitadora de paz. Como resultado del encuentro, quedó el compromiso de “motivar al gobierno y al Congreso para crear un proyecto de ley sobre el tema”.

Manos a la obra

El año siguiente fue fatal. Las estadísticas dicen que en 1995 se presentaron en Antioquia 328 acciones armadas. En 1996, el número subió a 394. En 1997, se presentaron 2.482 acciones armadas. Es decir, el incremento fue del 630 por ciento.

Y es que desde que empezó fue sangriento. El 27 de febrero, paramilitares y soldados jugaron un partido de fútbol al que citaron a los habitantes del municipio de Bijao del Cacarica. El hecho de por sí sorprende por la relación entre ambos bandos, según los registros de la prensa de entonces.

Según los organismos defensores de derechos humanos, lo que resultó aterrador fue que el balón era la cabeza de Marino López, un habitante del pueblo que habían matado hacía poco culpándolo de guerrillero. Para el Comité de Derechos Humanos de Antioquia de la época, el hecho se hizo como parte de la operación Génesis, con la que el general Del Río quería acabar al frente 57 de las Farc, en Urabá.

Con hechos parecidos, los grupos paramilitares se multiplicaron de la noche a la mañana. Para 1997, en Antioquia estaban las Accu, las Autodefensas del Magdalena Medio, los Antiterroristas del Nordeste, Colombia Sin Guerrilla, Muerte a Comunistas y Guerrilleros del Nordeste, el Comando Urbano Paramilitar de Medellín, la Red Urbana Paramilitar, los dos Comandos de Autodefensas Barriales, el grupo La Metro y el grupo Muerte a Sindicalistas (Mas).

Todos ellos, junto con otras agrupaciones del país, se reunieron el 15 de mayo de 1997 en Turbo, Antioquia. Conformaron las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y planearon expandirse por todo el país.

Para lograrlo, establecieron como centro de operaciones los departamentos de Antioquia, Chocó y Córdoba. Desde allí deberían conquistar a toda Colombia. Ejecutar esa estrategia implicaba apropiarse de todo el norte de Antioquia, donde confluyen los tres departamentos, en pleno Nudo de Paramillo.

En esa zona, son estratégicos la región de Urabá y el municipio de Ituango. Urabá, porque tiene un puerto natural que permite el tráfico de drogas hacia centro y Norteamérica y la entrada de insumos para las mismas, de mercancía y armas de contrabando. De ahí el anuncio triunfal de Castaño cuando conquistó esas tierras.

Para el momento de la formación de las Auc, la guerrilla no tenía mucho poder en el Urabá, porque ya dominaban el territorio los paramilitares.

Entonces faltaba quedarse con Ituango, que es un corredor que permite el desplazamiento desde Córdoba hasta Urabá y de ahí a Chocó. Es decir, es un punto central que une a los departamentos que conformaban la plataforma de operaciones para que las autodefensas se expandieran por todo el país.

Una masacre diciente

Por eso, se perpetraron cruentas masacres en ese municipio. Un ejemplo es la de El Aro, entre el 25 y el 26 de octubre de 1997, la misma que habían planeado Mancuso y el general Manosalva, según el testimonio del líder paramilitar recientemente en su audiencia pública.

Este hecho, en que murieron 11 personas, ha sido comentado muchas veces por los medios de comunicación y ha sido objeto de tantos análisis porque es de crucial importancia para la historia de la violencia actual de Colombia.

Las razones son varias. Primero, porque, en efecto, las nacientes Auc lograron el control del municipio para desarrollar su estrategia de expansión. Segundo, porque da cuenta de la estrecha relación entre autodefensas y soldados. Sobre esto hay varios informes de organizaciones de derechos humanos y también las confesiones de los militares y paramilitares que han declarado ante la Fiscalía sobre la alianza de ambos bandos.

Un ejemplo, es el testimonio del ex paramilitar Francisco Villalba, que cita un informe de Human Rights Watch. El ex combatiente dijo ante la Fiscalía que fue testigo del encuentro entre Mancuso y un teniente del ejército antes de la masacre. También comentó que, al rato, “llegó un helicóptero del Ejército y nos bajó elementos de salud y munición”.
La tercera razón es la sospechosa respuesta del gobierno. El entonces presidente del Comité de Derechos Humanos de Antioquia, Jesús María Valle, supo de varias fuentes la historia de la implicación del Ejército en éstas y muchas otras muertes.
Tales sucesos no lo dejaban dormir. Su condición de defensor de derechos humanos le hizo denunciar las estrechas relaciones en varios momentos. Lo hizo ante la Gobernación de Antioquia y ante la cúpula militar del departamento. Pero lo único que recibió fueron señalamientos de ‘guerrillero’.

Finalmente, como se citó anteriormente, lo mataron con la boca sellada con cinta en su oficina en Medellín el 27 de febrero de 1998.

Según Human Rigts Watch, un fiscal dijo que “recibió información creíble que indicaba que el Mayor Hernández había pagado a La Terraza (una banda de sicarios de Medellín) una suma equivalente a siete mil dólares a cambio de la vida de Valle”.

La cuarta razón es que, finalmente, se demostró la culpa del Estado y los militares en la masacre. La Corte Interamericana de Derechos Humanos concluyó que “ha quedado demostrada la participación y aquiescencia de miembros del Ejército colombiano en la incursión paramilitar en El Aro y en la determinación de un toque de queda con el fin de facilitar la apropiación del ganado. Así mismo, se ha comprobado que agentes del Estado recibieron ganado sustraído de manos de los arrieros”.

Según esa Corte, el Estado debe pagar una indemnización cercana a un millón 426 mil dólares a las familias de las víctimas.

Ahora cuando el senador Gustavo Petro anuncia que develará lo ocurrido en aquella época seguramente muchos recordarán estas historias y sus protagonistas tendrán la oportunidad de contar su versión de una de las épocas más oscuras de Antioquia en materia de derechos humanos.


Publicado en Semana.com

lunes, 27 de septiembre de 2010

Salió a la luz el documento del coronel Velásquez contra Del Río Rojas.

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS.

Ricardo Ferrer Espinosa

El documento del entonces Coronel Velásquez está en la web www.verdadabierta.com

Para descargarlo, active el siguiente enlace

http://www.verdadabierta.com/parapolitica/2738-el-informe-que-advirtio-de-los-nexos-de-rito-alejo-del-rio-con-los-paras


El informe que advirtió de los nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras'

Parapolítica - Nacional

Un informe elaborado por uno de los subalternos del general (r) Rito Alejo del Río, revela como el militar evitó perseguir a los paramilitares cuando fue comandante de la Brigada XVII en Urabá y además que el comando general de las Fuerzas Militares había sido advertido sobre los nexos del oficial con las Auc.


El ex coronel del Ejército Carlos Alfonso Velásquez reveló un informe fechado el 31 de mayo de 1996 en el que advirtió al entonces comandante de las Fuerzas Militares, Harold Bedoya, de los posibles nexos del general Del Río con grupos paramilitares en el Urabá antioqueño y chocoano. El ex oficial dijo que el envío de esta comunicación le significó haber sido retirado de su cargo y su salida del Ejército.

miércoles, 18 de agosto de 2010

"Vínculos entre bases y ejecuciones extrajudiciales"


"Vínculos entre bases y ejecuciones extrajudiciales"

Helda Martínez IPS, 29 de julio de 2010

"Hay vínculos preocupantes entre el aumento de denuncias por ejecuciones extrajudiciales y las unidades militares colombianas asistidas con financiamiento militar estadounidense", denunció a IPS John Lindsay-Poland, coordinador de una investigación de dos años sobre el tema.

El estadounidense Lindsay-Poland es director para América Latina de la no gubernamental Fellowship of Reconciliation (Confraternidad de Reconciliación, FOR), que junto con la Coalición Colombia No Bases elaboró el informe "Asistencia Militar y DDHH: Colombia, responsabilidad de EEUU y consecuencias a nivel mundial", presentado este jueves en Bogotá.

El llamado Informe FOR analiza la aplicación en los acuerdos Bogotá-Washington de la llamada Ley Leahy, vigente desde 1996 y donde se fijan las pautas en Estados Unidos del uso de la ayuda militar en el extranjero.

"Si se cumpliera el sentido de la Ley Leahy, habría que suspender la asistencia a casi todas las brigadas territoriales, y a la mayoría de brigadas móviles del Ejército colombiano", aseguró Lindsay-Poland.

El desarrollo de la investigación incluyó la revisión de información en casi 500 unidades asistidas por Estados Unidos en Colombia desde el año 2000, así como de las más de 3.000 ejecuciones extrajudiciales, en las que fueron identificados como autores miembros de las Fuerzas Militares.

"Encontramos que en muchas unidades militares aumentaron las denuncias sobre ejecuciones extrajudiciales durante y después de altos niveles de asistencia estadounidense", aseguró el investigador.

El resultado se obtuvo comparando el número de denuncias presentadas en los dos años anteriores al comienzo en 2000 del Plan Colombia de asistencia militar estadounidense, con lo sucedido posteriormente.

También se constató que las denuncias cayeron al recortarse la asistencia.

"El gobierno de Estados Unidos tendrá que responder" a las preguntas que se hace el informe, dijo su coordinador.

Entre esas preguntas, citó el porqué "sus funcionarios descuidan las obligaciones que ordena la Ley Leahy", no solo en Colombia sino en países como Paquistán, "donde la situación es muy compleja".

La presencia militar de Estados Unidos en Colombia se remonta a la década de los 40 en el siglo XX, cuando comenzaron a operar las guerrillas izquierdistas en el país. Pero adquirió un nuevo nivel en 1999 con el Plan Colombia, firmado por los gobiernos del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) y el demócrata Bill Clinton (1993-2001).

Ese programa se complementó en 2004 con el llamado Plan Patriota entre los derechistas presidentes Álvaro Uribe (2002-2010) y el republicano George W. Bush (2001-2009).

Los dos planes fueron concebidos bajo el argumento de colaborar a acabar con la guerrilla y el cultivo y tráfico de drogas ilícitas.

En paralelo, se integraron a la estrategia de Washington de incrementar su presencia militar en las distintas regiones del mundo, tras los ataques del grupo islamista radical Al Qaeda contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.

Los dos planes sufrieron cambios radicales a partir de 2009, según Lindsay-Poland, porque desde entonces "se trascendió la contrainsurgencia y el narcotráfico, en aras de cumplir el interés de control regional".

Documentos del Comando Sur estadounidense afirman la importancia de establecer una base con "alcance de movilidad aérea al continente sudamericano y capacidad para operaciones anti-narcóticos hasta el año 2025", explicó.

A cambio, Uribe, cuyo mandato culmina el 7 de agosto, ofreció la posibilidad de mantener o instalar un total de siete bases militares en puntos estratégicos de la geografía colombiana, que incluyen las costas Atlántica y Pacífica, el amazónico Caquetá, y el centro del país con presencia en los departamentos de Meta, Tolima y Cundinamarca.

La base de Palanquero en Cundinamarca, una de las siete, fue visitada el miércoles 28 por Lindsay-Poland y otros miembros de FOR. Pero, dijo, "no nos permitieron el acceso. Exigieron autorización de la embajada de Estados Unidos". Entonces, ¿de qué autonomía hablamos?", se preguntó.

Además, la presencia militar estadounidense no está legalizada porque Uribe no consultó al Congreso legislativo como ordena la legislación.

Por ello, el 22 de julio la Corte Constitucional consideró inconstitucional el acuerdo, y dio un plazo de un año al parlamento para pronunciarse.

Una vez que el Poder Legislativo lo haga, la Corte volverá a considerar su concordancia con la Constitución.

Al planteamiento que han hecho FOR y la Coalición no Bases, se sumarían las consecuencias de una investigación recién iniciada.

Se trata de la denuncia de la existencia de fosas irregulares en el cementerio de La Macarena, colindante con un batallón del Ejército, según una Audiencia Pública realizada el día 22 en esa población del central departamento de Meta, a la que asistieron legisladores opositores y observadores internacionales.

Hay versiones encontradas aún sobre la denuncia. Pero testigos aseguraron que helicópteros oficiales llegaban a La Macarena, a 340 kilómetros al sur de Bogotá, cargados de restos de lo que algunas organizaciones humanitarias aseguran que eran víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

"Esto sucede al final de un gobierno signado por muy graves violaciones a los derechos humanos, con mayor afectación de poblaciones vulnerables, manifestadas en miles de falsos positivos como se han denominado popularmente las ejecuciones extrajudiciales", dijo a IPS Alberto Yepes, director del Observatorio de Derechos Humanos DIH.

El número de estas ejecuciones es incierto, pero según el Informe FOR superaría las 3.000 víctimas en la última década.

Entre ellos, 16 jóvenes habitantes de la vecina población de Soacha, al sur de Bogotá, atraídos con falsas promesas de trabajo en 2007 y 2008.

Esos asesinatos fueron denunciados por la agrupación Madres de Soacha ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington.

"Una forma de presionar al Estado para transformar ese tipo de conductas", dijo Yepes.

"A la par que la movilización impulsa el cumplimiento de la Constitución por las Fuerzas Armadas colombianas, Estados Unidos debe asumir su responsabilidad con mayor vigilancia, pidiendo cuentas y asumiendo correctivos, para que los impuestos de los ciudadanos estadounidenses no terminen financiado muertes en Colombia", concluyó.(FIN/2010)


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. 
Ricardo Ferrer Espinosa


Blog basado en Denuncia 18690, 13/ 06 /1997, fiscal Cristina Bustos G. Masacres en el Atrato.

Dos blogs y un libro han servido para avivar la Memoria Insumisa:

http://testigoysobreviviente.blogspot.com

Blog iniciado el 28 de febrero de 2006.

http://mercenariosencolombia.blogspot.com

Colección básica de textos y noticias sobre mercenarios. Pendiente de procesar.

- Libro: "Nos matan y no es noticia". Editorial Cambalache 2010. Ha sido presentado en Oviedo, Cáceres, Tenerife. Valencia 2 de julio, 3 de julio en Carcaixent, y en Málaga 8 de julio.

El libro está disponible para ser descargado desde el siguient enlace:

http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/sin-noticia-nos-matan.html

Desde este enlace se puede descargar el libro completo, con las listas de Víctimas y victimarios. Y retomo el homenaje anónimo al médico Mario Andrés Flores.