sábado, 23 de octubre de 2010

El asesinato de Francisco Villalba /

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. Ricardo Ferrer Espinosa



El asesinato de Francisco Villalba
Álvaro Uribe Vélez y la masacre de El Aro

Martes 5 de enero de 2010, por Guillermo González Uribe

Luego de los testimonios que ofreció el año pasado ante la Fiscalía General de la Nación y el Congreso de la República, lo asesinaron el 23 de abril del 2009.

Colombia | Víctimas de Crímenes de Estado |

Su nombre era Francisco Enrique Villalba Hernández, alias «Cristian Barreto». Lo condenaron junto con dos de los máximos jefes paramilitares, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, por la masacre de El Aro; estos últimos a 40 años de cárcel, y Villalba a 33 años y 4 meses. F [1] Alias Cristian Barreto se entregó a la justicia el 13 de febrero de 1998, tres meses después de dicha masacre, para aliviar su conciencia [2]. Luego de los testimonios que ofreció el año pasado ante la Fiscalía General de la Nación y el Congreso de la República, lo asesinaron el 23 de abril del 2009.

La masacre de El Aro ha sido una de las más crueles perpetradas por los paramilitares: durante una semana se pasearon libremente por la zona, cometiendo desmanes contra sus habitantes y sus posesiones: «Con toda la parsimonia del caso, como a sabiendas de que nada les impediría su calculada carnicería, cazaron, torturaron y vejaron a sus 17 víctimas, quemaron 42 de las 60 viviendas, se robaron 1.200 reses y forzaron a 702 habitantes a salir huyendo para salvar la vida» [3] . Los relatos de los hechos son espeluznantes: descuartizamientos, violaciones, saqueos. Al tendero del pueblo, Marco Aurelio Areiza (64 años), lo amarraron, lo torturaron, le sacaron el corazón [4], los ojos y los testículos.

El testimonio inicial de Villalba y otros más se corroboraron en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado colombiano por los hechos, en pronunciamiento que sintetiza el horror de la violencia paramilitar en el país [5]. Incluso la sentencia señala que «Colombia reconoció su responsabilidad internacional… en vista de la participación de agentes suyos en los hechos».

Los textos citados que reconstruyen los sucesos hablan de cómo se pidió apoyo a la gobernación de Antioquia, así como al ejército y a la policía, pero las autoridades no ayudaron a los pobladores, e incluso «Miembros del ejército iban arreando el ganado» [6] robado a los campesinos. Este hecho formó parte de la sangrienta estrategia paramilitar para combatir a la guerrilla, despojar de bienes y tierras a campesinos, proteger a los terratenientes y tomar el control de regiones claves para el narcotráfico. Las masacres de los corregimientos de El Aro y La Granja, municipio de Ituango, se cometieron en desarrollo de la lucha por el Nudo de Paramillo, zona vital para el dominio del departamento de Antioquia y de la región, que estaba bajo la influencia de la guerrilla, según lo reconoció el propio líder paramilitar Salvatore Mancuso [7]. 

Admitió también él que los paramilitares son hijos del Estado colombiano, y que recibieron adiestramiento y armas por parte de las fuerzas regulares del Estado [8]. Esta estrategia encontró un terreno fértil para su desarrollo en las cooperativas privadas llamadas Convivir, legalizadas y respaldadas en el departamento de Antioquia en los años noventa, durante la gobernación de Álvaro Uribe [9].

Francisco Villalba, el protagonista de este recuento, estudió hasta quinto de primaria. Siendo un niño de diez años conoció a Dandenys Muñoz Mosquera, alias La Quica, quien llegaría a ser lugarteniente del capo más poderoso que ha existido en Colombia, Pablo Escobar Gaviria. Cuando tenía dieciséis, La Quica lo mandó a trabajar con Fidel Castaño, uno de los paramilitares más sanguinarios [10]. De ahí en adelante la historia de Villalba es semejante a la de otros paramilitares: asesinatos, masacres, torturas, traiciones.

Pese a lo relatado, la noticia del asesinato de Villalba no tendría mayor trascendencia en un país copado por la violencia. Lo que la hace singular es que en sus testimonios vinculó al hoy presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, con una masacre.

Villalba lo afirmó ante la Fiscalía en febrero del 2008 « [11] y lo ratificó luego ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, en noviembre del mismo año. El 22 de abril del 2009, pocos meses después de su testimonio ante el Congreso de la República, y cuando había pasado apenas algunos días en prisión domiciliaria, sicarios que utilizaron armas con silenciadores [12] lo asesinaron frente a su casa, en el municipio de La Estrella, adjunto a Medellín [13], cuando estaba acompañado de su esposa y su hija de cuatro años.

Dice Villalba en su testimonio ante el Congreso de la República [14] que en la reunión en que se planeó la acción sobre El Aro estuvieron presentes «Álvaro Uribe y Santiago Uribe, el señor Mancuso, Cobra, Noventa, Carlos Castaño, mi persona, Junior y los 22 hombres que yo tenía bajo mi mando». 

Agrega que luego de la matanza se celebró otra reunión en la que además de varios jefes paramilitares, como Mancuso y Carlos Castaño, estaban Álvaro y Santiago Uribe, y que el entonces gobernador de Antioquia «Nos felicitó y todo a nosotros». Añade que la operación se realizó para liberar a varios secuestrados, entre ellos a Mario, primo de Álvaro Uribe. Habla además de cómo el helicóptero de la gobernación sobrevoló la zona durante la masacre. Afirma que el hermano de Álvaro, Santiago Uribe, es el dueño del grupo paramilitar Los Doce Apóstoles. Se refiere luego a una supuesta carta suya al presidente Álvaro Uribe, en la que se retracta de sus acusaciones, pero indica que esa carta es falsa: «Yo nunca me voy a retractar, yo lo que dije me quedo ahí, si me van a matar que me maten…». 

Habla también de otra carta dirigida al presidente Uribe, en la que el paramilitar Junior dice que Villalba no fue autor intelectual ni material de la masacre. Al respecto, alias Cristian Barreto responde que en la cárcel les propusieron a varios desmentir sus acusaciones, y que el único que aceptó fue Junior. «Hay una contradicción del señor Junior. Él dice que yo no participé en la masacre de El Aro. Si yo no participé entonces por qué estoy detenido, primero que todo porque me hicieron reconocimiento los familiares de las víctimas…», explica. Cuando le dicen en el interrogatorio que no hay registro del vuelo del helicóptero de la gobernación en la zona durante los días de la acción paramilitar, responde que esto proviene de «el monopolio del país, el monopolio que quieren ocultar cosas y dejarlo a uno como un mentiroso como que está echando mentiras, yo siempre he pedido una veeduría internacional…». 

Una última cita de este documento; luego de afirmar que ha sido objeto de varios atentados, Villalba agrega: «… así me maten que lo logren hacer van a callar pero las pruebas saldrán después… Son muchas pruebas que hay ocultas que muy pronto van ha (sic) salir».

No es fácil creer este testimonio de Villalba, pero los hechos generan por lo menos varias preguntas:
Si era un testigo tan excepcional, que había sido objeto de atentados y afirmaba que lo iban a matar, ¿por qué se le dio prisión domiciliaria sin brindarle protección?

Si se le creyó a Villalba cuando confesó la masacre de El Aro, y por eso la justicia colombiana lo condenó, junto con Mancuso y Castaño, ¿por qué ahora se le da credibilidad a la carta de otro paramilitar en la que se asevera que Villalba no tenía mando ni participó en los hechos? ¿Por qué aparece de pronto, en la
Presidencia de la República, una carta supuestamente de Villalba en la que asegura que era mentira lo que dijo del presidente, pero el propio Villalba enfatiza que él no la escribió?

¿Por qué se le da amplia difusión y credibilidad a esa carta que, según investigación de Noticias Uno, y dictamen de un grafólogo, no la escribió Villalba sino otro preso que por interpuesta persona la hizo llegar a la Presidencia de la República? [15].

¿Por qué la defensa dice que no hay constancia de que el helicóptero de la gobernación estuvo en El Aro durante la masacre porque no aparece en los registros de la gobernación, pero además del testimonio de Villalba, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso sostuvo en su versión libre del 18 de noviembre del 2008 que «un helicóptero de la gobernación de Antioquia sobrevoló El Aro durante la masacre» [16].

¿Por qué en esa misma declaración Mancuso afirma que «… el entonces secretario de Gobierno de la gobernación de Antioquia, Pedro Juan Moreno, se enteró de lo que iba a pasar en El Aro en una reunión que tuvo con Carlos Castaño a la que asistió Salvatore Mancuso en Tierralta, Córdoba, previa a la masacre. Moreno había pedido personalmente a Castaño una cita para hablar sobre las Convivir de Urabá, de las que fue uno (de los) defensores en Antioquia»?

¿Quién o quiénes deben responder ante el Estado colombiano por los $3.500 millones que la Corte Interamericana de Derechos Humanos lo condenó a pagar a los familiares de las víctimas de las matanzas de El Aro y La Granja? [17]

La masacre de El Aro es un caso salpicado de hechos, coincidencias, interrogantes, patrones de comportamiento que no dejan de preocupar.

Al defensor de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo, quien había denunciado en repetidas ocasiones el accionar paramilitar ligado al ejército en La Granja y El Aro, lo señaló el entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez como «enemigo de las fuerzas armadas» [18], y la IV Brigada lo denunció penalmente. En su defensa, Valle Jaramillo manifestó:

«Yo siempre vi, y así lo reflexioné, que había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el comandante de la policía de Antioquia, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno, al estamento castrense, al estamento policivo y a prestantes ganaderos y banqueros del departamento de Antioquia y el país» [19]. Al poco tiempo de hacer esta declaración, a Jesús María Valle Jaramillo lo asesinaron.

Por último, cabe señalar que Salvatore Mancuso, uno de los implicados en el testimonio de Francisco Villalba, y quien fue extraditado por el presidente Uribe hace más de un año a Estados Unidos, en entrevista a la revista Cambio titulada «Conmigo extraditaron la verdad», dice [20]: «Si a las autodefensas, que supuestamente eran amigas del gobierno, y a Mancuso, el amigo personal de Uribe, les hacen esto (las extraditan), qué no les harán a las Farc, que asesinaron al padre del presidente». Palabras del propio Mancuso, citándose él mismo en tercera persona como amigo traicionado del presidente Uribe. Esa relación de «amigo personal» del hasta hace poco máximo comandante de los paramilitares con el presidente no la habían reconocido hasta ahora ni el presidente ni Mancuso.

Sostiene además Mancuso en dicha entrevista, al hablar de la elección presidencial de Álvaro Uribe: «La gran mayoría de nosotros apoyamos a Uribe porque recibimos instrucciones de los comandantes y así lo hicimos en todos los departamentos con influencia del bloque Norte».

A la pregunta sobre la razón de su extradición, Mancuso responde: «El gobierno se asustó con las actividades de algunos comandantes y porque estábamos reconstruyendo la verdad».

Apéndice
En su voto razonado sobre las masacres de El Aro y La Granja, el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Antônio Augusto Cançado Trindade escribió, citando a Ionesco [21] :
«Estamos ahora subyugados por la razón de Estado que permite todo: los genocidios, los asesinatos, el meter en cintura a los intelectuales… El Estado es la defensa del crimen. El Estado impulsa el crimen, justifica el crimen… La cultura, que es la única que podría dejar al hombre respirar y darle un poco de libertad, está devorada por el Estado».

Notas
[1] Fiscalía General de la Nación, boletín de prensa, abril del 2003, “http://www.fiscalia.gov.co/pag/divu....

[2] «Uno se aburre de tanto entierro», entrevista de Villalba con Carlos Giraldo y Miguel Garrido, El Colombiano, 24 de agosto del 2006, reproducida por la página de la Fuerza Aérea Colombiana, “http://www.fac.mil.co/?idcategoria=... http://www.fac.mil.co/?idcategoria=13778.

[3] «Las cicatrices de El Aro», Javier Arboleda García, revista Semana, 31 de octubre del 2008, “http://www.semana.com/noticias-conf....

[4] «Un alivio para la pesadilla», Carlos Alberto Giraldo, El Colombiano, 18 de diciembre del 2005, “http://www.micolombiano.com/BancoCo... http://www.micolombiano.com/BancoCo....

[5] Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso de las masacres de Ituango vs. Colombia. Sentencia de 1° de julio de 2006, “http://www.corteidh.or.cr/docs/caso....

[6] «Un alivio para la pesadilla», ob. cit.

[7] «Las cicatrices de El Aro», ob. cit.

[8] Mancuso: «El paramilitarismo de Estado sigue vivo», 3 de abril de 2008, entrevista con Terra, “http://www.terra.com.co/actualidad/....

[9] Debate de Gustavo Petro en el Senado: «Siendo gobernador de Antioquia, Uribe autorizó varias Convivir a paramilitares», “http://www.polodemocratico.net/Urib... http://www.polodemocratico.net/Urib....

[10] «Uno se aburre de tanto entierro», ob. cit.

[11] Detalles del testimonio que involucra a Uribe y a su hermano en una masacre», Gonzalo Guillén y Gerardo Reyes, El Nuevo Herald, “http://www.elnuevoherald.com/opinio...    http://www.elnuevoherald.com/opinio....

[12] «Francisco Villalba, un testigo que sabía demasiado», Desde abajo, http://www.desdeabajo.info/index.ph....

[13] «Francisco Villalba, quien denunció a Uribe, advirtió que lo iban a matar», El Espectador, “http://www.elespectador.com/impreso... http://www.elespectador.com/impreso....

[14] Cámara de Representantes. Testimonio que rinde el señor Francisco Enrique Villalba Hernández. Expediente 2394. 12 de noviembre del 2008. Fotocopia de la declaración que reposa en los archivos del Congreso.

[15] «Antes de morir, Villalba dijo que nunca se retractó de acusaciones contra Uribe», informe de Noticias Uno reproducido por Terratv, “http://terratv.terra.com.co/Noticia....


[17] «Corte Interamericana de Derechos Humanos condena al Estado por masacre de Ituango», El Tiempo, 28 de julio del 2006, reproducida por Acnur, “http://www.acnur.org/index.php?id_p... http://www.acnur.org/index.php?id_p....

[18] «¿Qué fue lo que dijo Jesús María Valle?», revista Semana, “http://www.semana.com/noticias-on-l...http://www.semana.com/noticias-on-l....

[19] «Las responsabilidades en la masacre de El Aro: una verdad por desentrañar», Comisión Colombiana de Juristas, “http://molascolombianas.com/Portals... http://molascolombianas.com/Portals....

[20] «Conmigo extraditaron la verdad», entrevista con Salvatore Mancuso, Cambio, 28 de mayo del 2009, “http://www.cambio.com.co/portadacam...

[21] Corte Interamericana de Derechos Humanos, ob. cit.

lunes, 11 de octubre de 2010

Memoria Disubbidiente / Memoria Insumisa. [Italiano]

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. Ricardo Ferrer Espinosa


Memoria Disubbidiente


A QUELLI CHE PROMUOVONO LA AMNESIA DEL MONDO
RINFRESCHEREMO LORO LA MEMORIA
DEI CRIMINI DA LORO COMMESSI CONTRO L'UMANITA'

UNA VOLTA E ANCORA, ANCHE SE FA MALE
O MEGLIO, AFFINCHE' SI PENTANO

UNA VOLTA E ANCORA
FINO A PORTARLI IN GIUDIZIO

UNA VOLTA E ANCORA
FINO A CONDANNARLI

UNA VOLTA E ANCORA
FINO A QUANDO RIMEDIERANNO AL DANNO

UNA VOLTA E ANCORA
AFFINCHE' QUEST'INFAMIA NON SI RIPETA

UNA VOLTA E ANCORA
PER LA VITA

Ricardo Ferrer Espinosa

(In omaggio al medico Mario Andrés Flóres Rubianes,
assassinato dagli squadroni della morte in Colombia,
Giugno 2003

Memora insumisa / MEMÒRIA INSUBMISA / [Catalán].


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. Ricardo Ferrer Espinosa


MEMORIA INSUMISA 
MEMÒRIA INSUBMISA

A LOS QUE PROMUEVEN LA AMNESIA DEL MUNDO
ALS QUE PROMOUEN L'AMNÈSIA DEL MÓN

LES VAMOS A REFRESCAR LA MEMORIA
ELS ANEM A REFRESCAR LA MEMÒRIA

DE SUS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD
DELS SEUS CRIMS CONTRA LA HUMANITAT


UNA Y OTRA VEZ, AUNQUE DUELA
UNA VEGADA I UNA ALTRA, ENCARA QUE DOLGUI

O MEJOR, PARA QUE SE DUELAN
O MILLOR, PERQUÈ ES DOLGUIN

UNA Y OTRA VEZ
UNA VEGADA I UNA ALTRA
HASTA LLEVARLOS A JUICIO
FINS A PORTAR-LOS A JUDICI

UNA OTRA VEZ
UNA VEGADA I UNA ALTRA
HASTA CONDENARLOS
FINS A COMDEMNAR-LOS

UNA Y OTRA VEZ
UNA VEGADA I UNA ALTRA
HASTA QUE REPAREN EL DAÑO
FINS QUE REPARIN EL DANY

UNA Y OTRA VEZ
UNA VEGADA I UNA ALTRA
PARA QUE ESTA INFAMIA NO SE REPITA
PERQUÈ AQUESTA INFÀMIA NO ES REPETEIXI

UNA Y OTRA VEZ
UNA VEGADA I UNA ALTRA
EN OPCIÓN POR LA VIDA
EN OPCIÓ PER LA VIDA

Ricardo Ferrer Espinosa, 
[Homenaje al médico Mario Andrés Flóres Rubianes, asesinado por los escuadones de la muerte en Colombia, junio de 2003]. 



[Homenatge al metge Mario andrés Flores Rubianes, assassinat pels esquadrons de la mort a Colòmbia, juny de 2003].

martes, 5 de octubre de 2010

Comité Internacional de la Cruz Roja. //


Una misión humanitaria escoltada por el CICR intenta mitigar el aislamiento en el que viven colonos e indígenas en Colombia. Crónica de una jornada de asistencia médica en la profunda periferia del departamento de Arauca. Este artículo forma parte de una serie de producciones especiales realizadas por la revista Semana en colaboración con el CICR.









lunes, 27 de septiembre de 2010

Salió a la luz el documento del coronel Velásquez contra Del Río Rojas.

NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS.

Ricardo Ferrer Espinosa

El documento del entonces Coronel Velásquez está en la web www.verdadabierta.com

Para descargarlo, active el siguiente enlace

http://www.verdadabierta.com/parapolitica/2738-el-informe-que-advirtio-de-los-nexos-de-rito-alejo-del-rio-con-los-paras


El informe que advirtió de los nexos de Rito Alejo del Río con los 'paras'

Parapolítica - Nacional

Un informe elaborado por uno de los subalternos del general (r) Rito Alejo del Río, revela como el militar evitó perseguir a los paramilitares cuando fue comandante de la Brigada XVII en Urabá y además que el comando general de las Fuerzas Militares había sido advertido sobre los nexos del oficial con las Auc.


El ex coronel del Ejército Carlos Alfonso Velásquez reveló un informe fechado el 31 de mayo de 1996 en el que advirtió al entonces comandante de las Fuerzas Militares, Harold Bedoya, de los posibles nexos del general Del Río con grupos paramilitares en el Urabá antioqueño y chocoano. El ex oficial dijo que el envío de esta comunicación le significó haber sido retirado de su cargo y su salida del Ejército.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

En portada. Retratos de la Colombia en guerra. 4 Sept 2010. TV Española.

Autor                           :
Medio                           : Radio Televisión Española
Fuente                          :
Enlace                          :
Título                          :  
Fecha de publicación            :
Materia                         : Colombia, Derechos Humanos
Colección / Serie               :
Zona geográfica                 : Colombia, Chocó.
Fecha de los hechos             :
Entidades y personas mencionadas:

En portada. Retratos de la Colombia en guerra




NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS

sábado, 21 de agosto de 2010

viernes, 20 de agosto de 2010

El Atrato, cementerio bajo el agua / Diario el Colombiano.

Otro recorte del archivo de prensa:

Fuente:


El Atrato, cementerio bajo el agua

Negros e indígenas creen casi imposible reconstruir la verdad sobre las matanzas y las desapariciones en su río madre.

[La] Iglesia católica y líderes campesinos frenaron parte de los excesos, pero sin embargo el Atrato vivió una temporada fatal.

Condición de ruta central y lugar de combates ocasionó que cientos de civiles y combatientes se perdieran en su cauce.


Por / Carlos Alberto Giraldo M.
Enviado especial, río Atrato

La conversación se había acalorado un poco. Carlos Castaño, con su tono severo de siempre, les dijo a los dos sacerdotes que habían viajado desde Quibdó: "padres, les he dicho a mis hombres que maten a la gente, pero que no se pongan con torturas". Uno de los sacerdotes, el de menor jerarquía, no aguantó aquella respuesta que sentía tan irónica y desalmada y le replicó: "perdóneme, pero lo suyo ya se torna demasiado hijueputa".

Sus hábitos cristianos se extraviaron en ese momento debido a la desesperación y la impotencia con que venía recibiendo cada día. Era un sacerdote de base que tenía que escuchar las denuncias de los desaparecidos en las comunidades del río Atrato y sus afluentes. Los campesinos, semana a semana, le rompían en llanto y le pedían comisiones para buscar decenas de cuerpos que casi nunca hallaban.

Aquel día él había arribado con el Obispo a los dominios de Carlos Castaño, en San Pedro de Urabá, para que le aclararan su aparición en una lista de posibles víctimas de las autodefensas, pero bastó poco para que apenas unos minutos después de iniciada la conversación ya le estuviese pidiendo al jefe paramilitar que parara la ola de sangre y de muerte que sus hombres provocaban en las riberas del Atrato.

El contacto del religioso con aquella realidad comenzó el 23 de julio de 1997 cuando, a la una de la tarde, una hora después de una reunión con unos campesinos del Medio Atrato llegaron a buscarlo para decirle que Domingo Santos, líder del río Munguidó, a quien acababa de estrecharle la mano, había desaparecido. Se lo llevaron en una camioneta amarilla tipo Hi Lux que usaban los paramilitares de la capital chocoana.

Santos medía casi dos metros y era un negro al que todos querían por su entrega a la labor comunitaria. Pero de nada valieron las gestiones del padre. Como era habitual, en su actitud frentera, acudió al sector de Quibdó donde tenían su base los paramilitares y allí un combatiente raso le dijo a media voz que todo era inútil. A Domingo lo habían arrojado a un barranco que se hundía en las aguas del Atrato. Un sitio al que llamaban "el confesadero", en Boraudo, un paraje en la vía entre las aldeas de Yuto y Lloró.

"Qué época tan dura -recuerda el sacerdote-. Los abrían con motosierra y machete y después les echaban arena y piedras para que no boyaran (flotaran) en el río. Eso era busque y recoja muertos aquí y allá". El padre cree que esa fue la suerte que corrió Domingo Santos, cuyo cadáver nunca apareció aunque varias comisiones de misioneros de la Iglesia Católica navegaron horas para encontrarlo el resto de aquella semana en que lo subieron a la camioneta de "los paras".

El avance paramilitar quedó registrado en las denuncias de la Diócesis de Quibdó y de varias Ong internacionales. En un informe de la época, Human Rights Watch (HRW) advertía sobre la llegada de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, en diciembre de 1996, por el extremo norte del departamento del Chocó.

En "tres meses, las masacres paramilitares, los asesinatos selectivos y las amenazas combinados con el combate directo y la Operación Génesis del Ejército Nacional -agregaba HRW- provocaron la huida de entre 15.000 y 17.000 personas".

La Diócesis de Quibdó describió el cambio dramático en el departamento al comparar las cifras de muertes violentas: por ejemplo, en 1995 se registraron 15 asesinatos mientras que en 1997, solo en el primer semestre, hubo 100, la mayoría por motivos políticos.

Corrió mucha sangre y el río, con sus aguas revueltas y oscuras, se convirtió en cementerio de seres humanos. Un compañero de Domingo, que se considera sobreviviente y que aún hoy lidera a los campesinos del Atrato, tiene en la mente los nombres de muchos desaparecidos, pero recuerda uno: Eligio González Blandón, de la comunidad de La Boba , motorista de las Hermanas Agustinas.

El 24 de mayo de 1997 Eligio acababa de llegar al casco urbano del municipio de Bojayá de un viaje por el río con las religiosas. Unas horas después, a las cinco de la tarde, los paramilitares lo interceptaron en una lancha. Lo embarcaron y mientras cruzaban a Vigía del Fuerte, a un kilómetro de distancia en la otra orilla del río, se perdió.

"Ellos andaban con una motosierra en esa panga (lancha). Y, cuesta creerlo, pero en ese trayecto lo picaron y lo echaron al río -dice el líder campesino-. Nunca apareció. Era para traumatizarse la mente, por Dios. La gente salía de pesca y sacaba manos, pies y cabezas en los chinchorros".

Con letreros

El cadáver de la guerrillera estaba intacto a pesar de que llevaba dos días de viaje por el río, sobre un nudo de troncos. Tenía dos tiros, uno en el pecho, en el lado del corazón, y otro en la cabeza, al centro de la frente.

Se trataba de una comandante del ELN que había sido fusilada junto a otros siete de sus compañeros en el río Munguidó, afluente del Atrato. En una disputa territorial que luego se ampliaría a otras regiones del país, hombres de las FARC les dieron tiros de gracia con revólveres y enviaron el mensaje: "prohibido sacar los cuerpos del río".

Como de costumbre, llevado por su sentido humanitario, Domingo Valencia Chará se acercó a la palizada sobre la cual se veía a la mujer blanca, en ropa interior. Cuando observó de cerca aquella humanidad intacta la reconoció: "es la jefe de los elenos, la española". Tenía ojos claros y, según las creencias de Domingo, el pico de los gallinazos no le entró porque, seguro, "comía mucha cebolla".

Eran las tres de la tarde de un jueves de abril de 2001. En un recodo del Atrato, Domingo varó las ramas que no se hundían, aunque la guerrillera era corpulenta y pesada. Salió a dar aviso al casco urbano de Bojayá de donde enviaron a dos hombres en un bote de madera con motor fuera de borda. Los tipos amarraron los palos a una soga, los arrastraron a un lado del pueblo y en una curva del río, sin cajón y sin avemarías, enterraron el cuerpo de la extranjera.

La casa de Domingo, hecha de tablas y sobre un pequeño cerro a orillas del Atrato, está rodeada por un par de almendros. Él se la pasa descamisado, de bermudas y chanclas de caucho. Cuando no está en las jornadas de siembra en el campo, observa el remanso del río que tiene al frente y detalla los objetos que
van corriente abajo: recortes de madera de los aserríos, ramas y, por supuesto, muertos. Aunque ya no se ven casi.

"Ahora la cosa está calmada, pero cuando circulaban paramilitares y guerrilleros a toda hora se acumulaban muchos cadáveres en la Ciénaga de los Platillos -relata Domingo-. Uno llegaba oliendo a muerto. Los mataban descuartizados, se encontraban cabezas y troncos en los trasmallos. Una vez me pasé dos meses sin comer carne porque sentía que era carne humana".

De ver pasar tantos muertos frente a su rancho y por las orillas donde siembra piña, plátano y yuca, Domingo se dedicó a recogerlos. Primero porque le parecía inhumano dejar que esos cadáveres se deshicieran a la intemperie, picoteados por las aves de rapiña y luego mordisqueados por los dentones, que son los peces más carroñeros del río.

También rescataba los cuerpos y los enterraba porque en la Alcaldía de Bojayá le pagaban una bonificación de 200 mil pesos por cada uno. Ha sepultado a paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes y civiles. Tan pronto avista a lo lejos dos o tres gallinazos que bajan por el centro del río, como levitando, se dice: "hay muerto, mi negro". Y sale a trabajar.

Pero hallar cadáveres aun en los días más aciagos de la guerra irregular del Atrato, que es la del país, no resulta tan común. Otro viejo campesino de la región que viajaba de pueblo en pueblo vendiendo botes de madera asegura que los muertos saben a quién le salen. "No todo el mundo los consigue. Para eso hay gente que tiene su energía. Al momento de cogerlos hay que rezarles, encomendarlos al Señor: un Padrenuestro y un Avemaría, según los antiguos".

Domingo no siempre ha podido cumplir el ritual, porque a veces hay "muertos importantes". Eso quiere decir que por ser muy conocidos y tener alguna representatividad, sus verdugos los envían aguas abajo con marcas visibles; quieren que la gente los vea y aprenda la lección.

"Una vez bajó un guerrillero, paisa, y tenía un aviso pegado del pantalón: 'FAVOR NO TOCAR'. Lo mataron los mismos compañeros. Quién sabe qué era tan grave, si por sapo o qué. Pero ahí sí uno no ve muerto, así lo tenga en las mismas narices. Si lo recojo, este negro es el siguiente que se va de viaje".

Dolor de Do Dromá

El río es una masa de agua café que nace en el cerro Plateado, a 17 kilómetros del casco urbano del municipio Carmen de Atrato. Allí, en los primeros tramos, hace el ruido de una quebrada y su caudal es cristalino. Luego, en el descenso vertiginoso desde la montaña rumbo a las planicies inundadas del Chocó, recibe el agua de decenas de afluentes que lo ensanchan y lo tornan pardo.

Los indígenas embera chamí y wounan y los negros mantienen en la punta de sus lenguas una sentencia: "sin el río no somos nada". No es palabrería, es el resultado de una relación ancestral que involucra la cultura, la economía y la vida social de la región.

No hay carreteras y el río es una gran autopista por la que desfila la vida en todas sus manifestaciones: el pescado, la madera cortada, las embarcaciones de carga y pasajeros, el combustible, los abarrotes que llegan de Turbo y Quibdó, las cargas de maíz y arroz y la ganadería de los potreros que han ido creando los colonos, después de darle mordiscos con sus hachas a la selva virgen y biodiversa del Chocó. También cruza por ese caudal algo del oro y del cobre extraído de las minas circundantes.

Dependiendo de la estación, el Atrato vomita en el golfo de Urabá, cada segundo, entre 4.200 y 4.900 metros cúbicos de sus aguas turbias. Salen por quince bocas que forman un delta de diez kilómetros. Ese gran río madre es el que los aborígenes llaman Do Dromá.

En noviembre de 2003 la Diócesis de Quibdó y las organizaciones campesinas e indígenas lideraron una toma pacífica del río. Después de seis años de estar confinados, de soportar retenes ilegales y restricciones al paso de alimentos, los nativos hicieron una travesía de Quibdó a Turbo que llamaron Por un buen trato en el Atrato.

"Nuestra toma -dijeron entonces- es una protesta en contra de las masacres, desapariciones de centenares de campesinos, los desplazamientos, los señalamientos y las retenciones arbitrarias, las hambrunas, las epidemias, el cautiverio de pueblos enteros en el mismo lugar donde habitan sin poder salir al trabajo".

Se trataba de romper un cerrojo de plomo y una depresión sicológica que produjo incluso suicidios y mató la alegría acostumbrada de los negros y el peregrinaje libre de los indígenas.

Esos años anduvieron con miedo, desesperados, presas de lo que un líder campesino llama "el terrorismo que aplastó nuestro proyecto de vida. Ni siquiera se permitían los ritos religiosos, los cantos alabaos, los novenarios y las reuniones. Se trató también de nuestra destrucción cultural, porque el río significa vida y en él ya no veíamos sino familiares, amigos y vecinos muertos".

En Chocó mucha gente sigue muerta, aunque parezca estar viva. Así le pasa a Paulina Mena que a diario camina triste y sin un peso por el malecón que en Quibdó bordea el Atrato.

Ella tuvo que dejar su finca en Tamboral y refugiarse en la capital chocoana, en donde desaparecieron a dos de sus hijos, que eran maestros, uno de ellos en un retén ilegal que funcionaba en el puente sobre el río La Playa , en el corregimiento Tutunendo. Ahí bajaban a los pasajeros, lista en mano, y después los echaban al agua. Un campesino describe el lugar como un "depósito de muertos".

La sangre derramada, que según los indígenas entristeció al gran Do Dromá, no se va a olvidar. Es una herida que nunca se sana porque esos desaparecidos, el 80 por ciento arrojados al Atrato y sus afluentes, nunca se pudieron enterrar. "Se consumieron en el río y sus huesos se fueron al fondo, quedaron sepultados bajos las aguas, convertidas en un cementerio".

La voz de los ejecutores

A las seis de la mañana de este Viernes Santo dos ex integrantes del Bloque Élmer Cárdenas (Bec) de las autodefensas, que operaban en el Atrato, responden preguntas. Uno, de raza negra, 1.80 metros y contextura delgada fue patrullero en el río durante cuatro años. Hoy trabaja en una finca ganadera. El otro, un mulato de 1.70 metros , fue comandante de frente y ahora administra una cabaña de turismo.

Sentados muy cerca de las playas del mar chocoano describen el río como un campo de batalla y lo califican de camposanto. En lo que ambos conocieron, más de 300 muertos terminaron arrastrados o perdidos en sus aguas.

Los cuerpos iban a parar al río, según ellos, por física necesidad, a falta de sitios de tierra seca para enterrarlos. La mayoría de los combates ocurría sobre ríos y caños y los paramilitares y guerrilleros muertos terminaban en las aguas sin que fuesen recuperados nunca debido a las condiciones agrestes de la zona.

"Entre Vigía, Bojayá y Riosucio y en las cuencas de los ríos Salaquí, Opogadó y Truandó se combatía mucho -relatan-. La forma típica era la emboscada desde las orillas, en los recodos, con rockets, fusiles y granadas de fusil, de manera que quienes caían se hundían y morían por el ataque o ahogados, y se iban al fondo por el peso de las armas y las municiones".

Hubo episodios de muertes masivas que aún están en sus mentes: en Caño Claro, por ejemplo, se ahogaron o murieron en un ataque de las Farc más de 100 autodefensas, pero de esos cadáveres solo aparecieron un poco más de 10.

Lo mismo pasó en Bojayá donde, según su relato, se hundieron varias lanchas de guerrilleros ametralladas por un helicóptero de los paramilitares. "Por eso los cadáveres, que debieron ser más de 50, nunca aparecieron".

El negro alto, vestido de bermudas y chanclas, y el mulato, de yines y botas, aceptan que hubo fusilamientos, pero niegan descuartizamientos y destripamientos. Cuando se dieron ejecuciones cerca de algún centro poblado "la víctima era enterrada a poca profundidad", porque la escasa tierra firme de la zona es de alto nivel de aguas. A 50 centímeros la fosa se volvía un charco y por eso también "se abría el cadáver" antes de sepultarlo.

Aunque ambos ex combatientes están entregando sus versiones a los relatores de la Comisión de la Ley de Justicia y Paz, los parientes de las víctimas creen que la verdad total nunca se sabrá. "De eso se trata: para ellos, del olvido y para nosotros, de la lucha por recordar a nuestros muertos", advierte un líder campesino.

El nacimiento de la muerte

Aquella tarde, a las 3:30, después de cuatro horas de conversación, el sacerdote salió descompuesto y abatido por las respuestas del jefe paramilitar Carlos Castaño a la comisión que se reunió con él para detener la ola de crímenes del primer semestre de 1997 en Chocó y que se extendió durante los seis años siguientes como una epidemia.

Castaño "se paró" en la palabra durante una hora, recitó sus discursos de memoria, y les hizo sentir a los curas que cualquier otra verdad resultaba un sacrilegio. "Nos remató: 'padres, ustedes saben muy bien eso de mata que Dios perdona'".

El cura también se sentía derrotado porque en cada una de las poblaciones que cruzó, de ida y regreso adonde el jefe de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, veía uniformados de los organismos de seguridad muy cerca de los retenes paramilitares. "Todo el mundo sabía dónde estaba su santuario, menos el Gobierno".

Aquel peregrinaje del padre para atender y defender a las víctimas del conflicto armado nunca se detuvo. Dos años después en sus correrías se encontró con el azote que vivían los pobladores de Carmen de Atrato, en la cabecera del gran río. Los paramilitares volaron tres puentes construidos, en parte, con dineros y esfuerzos comunitarios: en Guaduas, Sabaletas y La Puria.

Pero antes de dinamitarlos, el 24 de febrero de 1999 , al mediodía, habían sacado de su casa al agricultor Luis Arcadio Caro Bolívar. Lo decapitaron y lo tiraron al Atrato desde el puente metálico de Las Anchas. El cuerpo fue rescatado, pero su cabeza nunca apareció. Según una relatoría de víctimas ante la ONU , ese mismo día en la tarde los agresores atacaron el caserío El Siete y escribieron un aviso cuya sentencia el padre, aún hoy, recuerda con indignación: "mata que Dios perdona".


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS.
Ricardo Ferrer Espinosa

miércoles, 18 de agosto de 2010

"Vínculos entre bases y ejecuciones extrajudiciales"


"Vínculos entre bases y ejecuciones extrajudiciales"

Helda Martínez IPS, 29 de julio de 2010

"Hay vínculos preocupantes entre el aumento de denuncias por ejecuciones extrajudiciales y las unidades militares colombianas asistidas con financiamiento militar estadounidense", denunció a IPS John Lindsay-Poland, coordinador de una investigación de dos años sobre el tema.

El estadounidense Lindsay-Poland es director para América Latina de la no gubernamental Fellowship of Reconciliation (Confraternidad de Reconciliación, FOR), que junto con la Coalición Colombia No Bases elaboró el informe "Asistencia Militar y DDHH: Colombia, responsabilidad de EEUU y consecuencias a nivel mundial", presentado este jueves en Bogotá.

El llamado Informe FOR analiza la aplicación en los acuerdos Bogotá-Washington de la llamada Ley Leahy, vigente desde 1996 y donde se fijan las pautas en Estados Unidos del uso de la ayuda militar en el extranjero.

"Si se cumpliera el sentido de la Ley Leahy, habría que suspender la asistencia a casi todas las brigadas territoriales, y a la mayoría de brigadas móviles del Ejército colombiano", aseguró Lindsay-Poland.

El desarrollo de la investigación incluyó la revisión de información en casi 500 unidades asistidas por Estados Unidos en Colombia desde el año 2000, así como de las más de 3.000 ejecuciones extrajudiciales, en las que fueron identificados como autores miembros de las Fuerzas Militares.

"Encontramos que en muchas unidades militares aumentaron las denuncias sobre ejecuciones extrajudiciales durante y después de altos niveles de asistencia estadounidense", aseguró el investigador.

El resultado se obtuvo comparando el número de denuncias presentadas en los dos años anteriores al comienzo en 2000 del Plan Colombia de asistencia militar estadounidense, con lo sucedido posteriormente.

También se constató que las denuncias cayeron al recortarse la asistencia.

"El gobierno de Estados Unidos tendrá que responder" a las preguntas que se hace el informe, dijo su coordinador.

Entre esas preguntas, citó el porqué "sus funcionarios descuidan las obligaciones que ordena la Ley Leahy", no solo en Colombia sino en países como Paquistán, "donde la situación es muy compleja".

La presencia militar de Estados Unidos en Colombia se remonta a la década de los 40 en el siglo XX, cuando comenzaron a operar las guerrillas izquierdistas en el país. Pero adquirió un nuevo nivel en 1999 con el Plan Colombia, firmado por los gobiernos del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) y el demócrata Bill Clinton (1993-2001).

Ese programa se complementó en 2004 con el llamado Plan Patriota entre los derechistas presidentes Álvaro Uribe (2002-2010) y el republicano George W. Bush (2001-2009).

Los dos planes fueron concebidos bajo el argumento de colaborar a acabar con la guerrilla y el cultivo y tráfico de drogas ilícitas.

En paralelo, se integraron a la estrategia de Washington de incrementar su presencia militar en las distintas regiones del mundo, tras los ataques del grupo islamista radical Al Qaeda contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.

Los dos planes sufrieron cambios radicales a partir de 2009, según Lindsay-Poland, porque desde entonces "se trascendió la contrainsurgencia y el narcotráfico, en aras de cumplir el interés de control regional".

Documentos del Comando Sur estadounidense afirman la importancia de establecer una base con "alcance de movilidad aérea al continente sudamericano y capacidad para operaciones anti-narcóticos hasta el año 2025", explicó.

A cambio, Uribe, cuyo mandato culmina el 7 de agosto, ofreció la posibilidad de mantener o instalar un total de siete bases militares en puntos estratégicos de la geografía colombiana, que incluyen las costas Atlántica y Pacífica, el amazónico Caquetá, y el centro del país con presencia en los departamentos de Meta, Tolima y Cundinamarca.

La base de Palanquero en Cundinamarca, una de las siete, fue visitada el miércoles 28 por Lindsay-Poland y otros miembros de FOR. Pero, dijo, "no nos permitieron el acceso. Exigieron autorización de la embajada de Estados Unidos". Entonces, ¿de qué autonomía hablamos?", se preguntó.

Además, la presencia militar estadounidense no está legalizada porque Uribe no consultó al Congreso legislativo como ordena la legislación.

Por ello, el 22 de julio la Corte Constitucional consideró inconstitucional el acuerdo, y dio un plazo de un año al parlamento para pronunciarse.

Una vez que el Poder Legislativo lo haga, la Corte volverá a considerar su concordancia con la Constitución.

Al planteamiento que han hecho FOR y la Coalición no Bases, se sumarían las consecuencias de una investigación recién iniciada.

Se trata de la denuncia de la existencia de fosas irregulares en el cementerio de La Macarena, colindante con un batallón del Ejército, según una Audiencia Pública realizada el día 22 en esa población del central departamento de Meta, a la que asistieron legisladores opositores y observadores internacionales.

Hay versiones encontradas aún sobre la denuncia. Pero testigos aseguraron que helicópteros oficiales llegaban a La Macarena, a 340 kilómetros al sur de Bogotá, cargados de restos de lo que algunas organizaciones humanitarias aseguran que eran víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

"Esto sucede al final de un gobierno signado por muy graves violaciones a los derechos humanos, con mayor afectación de poblaciones vulnerables, manifestadas en miles de falsos positivos como se han denominado popularmente las ejecuciones extrajudiciales", dijo a IPS Alberto Yepes, director del Observatorio de Derechos Humanos DIH.

El número de estas ejecuciones es incierto, pero según el Informe FOR superaría las 3.000 víctimas en la última década.

Entre ellos, 16 jóvenes habitantes de la vecina población de Soacha, al sur de Bogotá, atraídos con falsas promesas de trabajo en 2007 y 2008.

Esos asesinatos fueron denunciados por la agrupación Madres de Soacha ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington.

"Una forma de presionar al Estado para transformar ese tipo de conductas", dijo Yepes.

"A la par que la movilización impulsa el cumplimiento de la Constitución por las Fuerzas Armadas colombianas, Estados Unidos debe asumir su responsabilidad con mayor vigilancia, pidiendo cuentas y asumiendo correctivos, para que los impuestos de los ciudadanos estadounidenses no terminen financiado muertes en Colombia", concluyó.(FIN/2010)


NUESTRO SILENCIO SOLO FAVORECE A LOS VICTIMARIOS. 
Ricardo Ferrer Espinosa


Blog basado en Denuncia 18690, 13/ 06 /1997, fiscal Cristina Bustos G. Masacres en el Atrato.

Dos blogs y un libro han servido para avivar la Memoria Insumisa:

http://testigoysobreviviente.blogspot.com

Blog iniciado el 28 de febrero de 2006.

http://mercenariosencolombia.blogspot.com

Colección básica de textos y noticias sobre mercenarios. Pendiente de procesar.

- Libro: "Nos matan y no es noticia". Editorial Cambalache 2010. Ha sido presentado en Oviedo, Cáceres, Tenerife. Valencia 2 de julio, 3 de julio en Carcaixent, y en Málaga 8 de julio.

El libro está disponible para ser descargado desde el siguient enlace:

http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/sin-noticia-nos-matan.html

Desde este enlace se puede descargar el libro completo, con las listas de Víctimas y victimarios. Y retomo el homenaje anónimo al médico Mario Andrés Flores.